lunes, 9 de mayo de 2016

Todo por la audiencia, pero sin la audiencia

MARIA BLANCO


Fue Federico II de Prusia quien en 1871 explicaba que es una locura creer que los hombres han dicho a un semejante: te elevamos por encima de nosotros porque nos gusta ser esclavos. Una idea preciosa que le servía para, a continuación, defender el despotismo ilustrado, es decir, la creencia de que el pueblo entrega en manos de los sabios la facultad de defender su libertad y se somete, de ese modo, a sus leyes y mandato. Por supuesto, estas mentes brillantes y preclaras lo hacen todo por el bien de ese pueblo tan inmaduro que no sabe defender su propia libertad, ni su propiedad ni sus hijos. Ese despotismo basado en creerse superior al de al lado se expresaba aún mejor en la famosa frase de “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Sin embargo, las cosas han cambiado y, a día de hoy, ya no es el pueblo, sino la audiencia el objetivo de unos y otros. Un matiz que cambia todo.


Apología y refutación de Donald Trump

SANTIAGO NAVAJAS


En 1949 Robert Rossen escribió y dirigió El Político, un retrato realista, a la vez que alegórico, sobre el ascenso y caída de un honrado y humilde político que comienza haciendo carrera en su pueblo y consigue llegar a gobernador de Lousiana gracias a sus dotes oratorias y a ser considerado un campeón contra la corrupción. En su ascenso al poder, subiendo por peldaños cada vez más sucios que le van contaminando, termina por ser tan corrupto como “la casta” a la que denunció al principio.
De Donald Trump se pueden decir muchas cosas pero difícilmente nadie puede acusarle de ser honrado y humilde
De Donald Trump se pueden decir muchas cosas pero difícilmente nadie puede acusarle de ser honrado y humilde. Megalomaníaco y vociferante, la irrupción de Trump en la campaña por la presidencia norteamericana ha sido como la de un elefante encabritado en una merienda de ancianas en una cafetería de El Corte Inglés. Sin embargo, las ancianas están encantadas con el rudo pero seductor hombre de negocios que llama a las cosas por su nombre, les planta unos requiebros picantuelos y se ofrece a pagar los cafés y las tortitas con sirope de arce.


Se necesitan jóvenes que quieran ser millonarios

SANTIAGO NAVAJAS


“‘¡En Marcha!” es un movimiento político que ha lanzado Emmanuel Macron, el polivalente ministro de Finanzas del gobierno de Manuel Valls y firme candidato incluso a competir por la presidencia de la República con el mismísimo Francois Hollande. Macron es un liberal en el gobierno socialista del país más estatista de la UE. Lo más lógico es que estuviera forrándose trabajando para alguna gran empresa pero ha preferido ganar diez veces menos e intentar que su país salga del marasmo económico, la inopia ideológica y la idiocia política. Aunque haya cínicos que lo nieguen, hay quien es capaz de anteponer los ideales del servicio público a sus intereses pueblerinos.
Licenciado en Filosofía con una tesis sobre Hegel aprendió del alemán lo que podríamos denominar “liberalismo dialéctico”, una “superación” del liberalismo clásico que concibe la relación entre el Estado, la comunidad y el individuo de una manera más compleja y matizada que la habitual en los que trazan una vulgar y grosera contraposición entre el Estado y las empresas.


¿La falacia de la austeridad?

ALEJANDRO HIDALGO


Es habitual que en los últimos años se hable de austeridad fiscal. Muchos economistas, yo entre ellos, la señalan como una de las causantes de la recesión de 2011-2013. La reducción del gasto público durante el año 2010 generó un efecto directo sobre el PIB (no hablo de multiplicadores) y que muy probablemente terminó por afectar a muchos otros sectores productivos, particularmente vía rentas por la caída de los ingresos de los empleados públicos. Sin embargo, existe un grupo de economistas que niegan, algunos con cierta vehemencia, que haya habido austeridad. Para estos negacionistas, afirmar que ha habido austeridad es sencillamente una falacia, ya que según los datos que una y otra vez se empeñan en enseñarnos, el gasto público no ha caído, sino que ha crecido.
Y sin embargo, yerran. Existe una multitud de imprecisiones en su análisis que hacen que sean ellos los que fallan el tiro. Les voy a explicar, como haría a mis alumnos, las razones de sus (comprensibles) errores.
Cuando hablamos de austeridad tenemos que hablar de los años donde explícitamente se aplicaron medias encaminadas a la moderación del gasto público

Las falacias sobre los “negacionistas” de la austeridad

JUAN RAMON RALLO


El economista Alejandro Hidalgo publicó hace un par de días un artículo en estas páginas donde argumentaba que las administraciones públicas españolas sí habían aplicado profundas políticas de austeridad durante la crisis. En contra de lo que sostienen algunos “negacionistas” —entre los que me incluyo—, los recortes han existido y han sido notables, hasta el punto de equivaler a casi el 18% del gasto total. ¿Cómo es posible, entonces, que esos negacionistas falseen la realidad? Según el profesor Hidalgo, por tres torpes trampas: la primera, ampliar absurdamente el período de comparación; la segunda, incluir dentro del gasto público partidas que no deberían computar como tales; tercero, efectuar las comparaciones de gasto sin descontar la inflación.
Analicemos con más detalle cada una de estas presuntas trampas.
El propio profesor Hidalgo está admitiendo que, en el período que muchos afirmamos que no ha habido austeridad, no la ha habido