lunes, 9 de mayo de 2016


Hillary Sánchez y Mariano Trump

Hillary Sánchez y Mariano Trump


Los cambios políticos profundos, los que afectan al sistema en su conjunto, siempre son lentos. Aunque nuestro país haya sido en determinados momentos históricos un laboratorio de lo que luego sucedería en el resto del mundo occidental, no cabe duda de que en general no estamos a la cabeza de la innovación en materia política ni ideológica. De hecho, es hasta comprensible que este revival absurdo del estalinismo de hace casi un siglo se haya cebado sobre todo con países como Grecia y España. No es precisamente un rasgo de modernidad de esas dos sociedades, sino de su lamentable casposidad a prueba de champúes, como lo ejemplifica también el acompañamiento que le ha salido a Syriza por el lado nazi. En la zona septentrional de nuestro continente, gran parte de la joven vanguardia antisistema adora a Anonymous o a los piratas, tiene por héroe a Edward Snowden, comercia en bitcoins, pasa del Estado al que considera con razón como un lastre pesado y un controlador tan insolente como innecesario, y promueve —incluso sin saberlo ni llamarlo así— un capitalismo auténtico, de base, de freelancers en red. En cambio aquí, sus coetáneos, que hace cinco años llenaron las plazas para pedir más Estado, son la cabeza de puente del chavismo en Europa. Vestirán parecido, pero no tienen nada que ver. Da bastante pena que, mientras en otras latitudes la gente se está sacudiendo el síndrome de Estocolmo inducido por el Estado-papá y empieza a pensar en soluciones alternativas de conjunto, no ensayadas hasta hoy, aquí volvamos a las viejas barricadas de siempre.


Otra política para Estados Unidos


¿Tendremos que tratar a los Estados Unidos de América como un país necesitado de mejoras profundas en su sistema democrático? Los nuevos datos de Gallup muestran que el grupo más nutrido del electorado estadounidense carece de representación partitaria. Ese grupo está prácticamente huérfano de congresistas y senadores, de gobernadores y de formaciones políticas. La mayor porción de los electores no está representada por ninguno de los dos grandes partidos. La posición de cabeza al clasificar a los electores por sus respuestas ya no corresponde ni a los conservadores del Partido Republicano ni a los socialdemócratas —allí mal llamados liberals— del Partido Demócrata, sino, oh sorpresa, a los libertarios. Concretamente, los ciudadanos estadounidenses son libertarian en un 27% de los casos, lo que supone un crecimiento de tres puntos frente a la edición de 2014 de la misma encuesta. Detrás van los conservadores (26%), los liberals (23%) y los populistas (15%).


Liberales por la libertad


Liberales por la libertad

¿Qué estamos haciendo?… ¿Es realista el propósito de la libertad en un entorno como el de hoy?… ¿Aún hay posibilidades de despertar a la sociedad española del sueño profundo socialdemócrata? Estas preguntas han venido a las entrañas de mi mente en más de una ocasión, reflexionando sobre el objetivo del liberalismo en España y la poca claridad que le vislumbra. Y es que, por mucho empeño que pongamos en este fin, promover el liberalismo en este país y cambiar las políticas estatistas, se va complicando cada vez más. No lo digo yo, ahí está la evidencia, el consenso estatista del Congreso, el electorado español, el miedo a ser libre por parte de la ciudadanía etc. No obstante, hay motivos para la esperanza.

Motivos para NO invertir en España


Motivos para NO invertir en España

Me gustaría que el titular del artículo fuera otro, tipo ‘España, paraíso para invertir’ o ‘La baja presión fiscal española invita a la inversión’, pero siento decir que no es el caso. Esta vez, quiero comentaros los principales motivos por los que España no es un país en el que poner en juego tu patrimonio personal para emprender un negocio.
Primero, el infierno burocrático. España ocupa el puesto número 82 del mundo como país amigo para crear empresas. Países como Uzbekistán, Mauritania y Afganistán ponen menos trabas para iniciar una actividad empresarial. Dicen, que cuando alguien quiere ser autónomo en España, recibe el pésame de todos sus familiares y amigos, porque saben que cuando comienza esa aventura, suele pensar en el suicidio en más de una ocasión. Crear riqueza, se vuelve algo extremadamente difícil en un país en el que el Estado acapara el 44,6% de la producción ajena (datos del primer trimestre del 2016). Prácticamente, por cada euro de riqueza que genera España, la mitad se lo lleva el Estado.

Se acaban los billetes de 500 euros


Se acaban los billetes de 500 euros

Se les conoce como el Bin Laden del mercado monetario, y debido a la publicidad del Estado y a las noticias interesadas no tienen buena fama, y es que es hablar de ellos y tener que hacerlo del crimen organizado, el terrorismo, la droga y el blanqueo de capitales, como si el billete, lo mismo que la pistola, tuviera la culpa de los hechos. De este modo la excusa está servida para que las máquinas del Banco Central Europeo se paren y no los impriman más.