miércoles, 11 de mayo de 2016

Venezuela: el colapso populista



Venezuela es, para los que la vemos desde afuera, un completo e irresoluble misterio. No sólo va a tener una infación de 720% este año mientras el 73% vive en la pobreza, sino que además de eso su gobierno piensa seguir por el mismo camino. Bizarro como suena, el gobierno venezolano anunció recientemente que habrá cuatro horas sin electricidad por día y estableció que los funcionarios trabajarán sólo dos días a la semana, en un vano intento de sostener el colapso total de su sector eléctrico.
El país sudamericano no fue así siempre, claro. Para 1950, Venezuela tenía el cuarto producto per cápita más alto del mundo. En la década de los 60′ y 70′ Venezuela gozaba de los salarios y el producto per cápita más altos de América Latina – en parte quizás por el boom de los precios del petróleo. Quizás el colapso de éstos en los 8o’ haya empezado su colapso. Desde entonces, sin embargo, Venezuela tiene una inflación increíblemente alta, con picos de encima de 100% en 1989 y 1996:



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Para 1995, luego de una crisis bancaria, el 66% de los venezolanos vivía en la pobreza y para 1998 el producto per cápita era igual al de 1963: Venezuela había vuelto 35 años en el tiempo, económicamente hablando.
La llegada de Hugo Chávez al poder -luego de su intento fallido de golpe de Estado en 1992- coincidió con un nuevo boom de precios petroleros en los 2000. Venezuela gozó entonces de la mayor entrada de divisas que jamás haya tenido. La política económica de Chávez -seguida e imitada localmente por los Kirchner, Morales y Correa, entre otros- se basó en utilizar la subida de precios de commodities para llevar a cabo la clásica receta populista. Como trataré de mostrar, no quedó un sólo punto sin realizar.
En primer lugar, el chavismo generó subsidios y controles de precios. Hasta febrero de este año, un litro de nafta costaba dos centavos de dólar – incluso más barato que el agua mineral. Como todo intento de domar al mercado con precios máximos, el resultado es la escasez: según estimaciones, el 70% de los productos básicos no aparece en las góndolas de los supermercados venezolanos.
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El segundo pie de la política económica chavista se basó en la expansión del gasto social. Sin embargo, a diferencia de países como Chile -cuya reducción de la pobreza es notable-, Venezuela nunca rompió la barrera del 30% de su población bajo la línea de pobreza, y comenzó a mostrar fuertes signos de que la “bonanza social” fue transitoria, dado que a abril de 2016 el 73% de la población vive en dicha condición de necesidad.
Tercero, el gobierno de Chávez llevó a cabo masivas nacionalizaciones. La Heritage Foundation, creadora del índice de libertad económica, muestra que Venezuela tiene un puntaje de sólo 5/100 en cuanto a defensa de los derechos de propiedad: “las expropiaciones, instituciones públicas débiles y una falta de independencia judicial socavan los derechos de propiedad”. Los intentos de reforma agraria y las escandalosas expropiaciones -de empresas locales y extranjeras- son una muestra de cuán fácil es para el poder político venezolano hacerse con la propiedad privada sin ningún tipo de restricción.
Por último lugar, Venezuela sostuvo déficits fiscales sostenidos, aún con el ingreso del boom petrolero. En 2013, el Estado venezolano perdía dinero equivalente al 11.5% de su PBI, una de las cifras más altas del mundo.
Luego de un gran crecimiento a inicios de siglo, el modelo chavista mostró que era completamente insostenible. En 2014, en el comienzo del gobierno de Nicolás Maduro, la economía venezolana se contrajo 3% y en 2015 lo hizo un asombroso 10%. Para 2017, el FMI calcula que el país sudamericano tendrá una tasa de inflación de 2.200% y una tasa de desempleo de 20%.
Venezuela es, quizás, el paradigma del experimento socialista-populista. Y es que el chavismo, fuertemente populista, estuvo condenado al fracaso desde el principio. Su expansión se debió no al ahorro, el trabajo y la acumulación de capital sino a una circunstancial y efímera explosión de precios internacionales. La destrucción institucional que llevó a cabo Hugo Chávez y posteriormente Nicolás Maduro jamás fue remendada, y tomará años reconstruir un Estado de (verdadero) Derecho.
El resultado está a la vista: la supuesta redistribución de ricos a pobres terminó, irónicamente, con gobernantes ricos y venezolanos pobres.