miércoles, 11 de mayo de 2016

La diferencia entre los pro-mercado y los pro-empresa

David Boaz dice que "La Cámara de Comercio de EE.UU. y el Tea Party no se llevan muy bien. Sucede que el viejo conflicto entre las fuerzas pro-mercado y pro-empresa puede que conduzcan a unas elecciones primarias divisivas el próximo año".

David Boaz es Vicepresidente Ejecutivo del Cato Institute.
La Cámara de Comercio de EE.UU. y el Tea Party no se llevan muy bien. Sucede que el viejo conflicto entre las fuerzas pro-mercado y pro-empresa puede que conduzcan a unas elecciones primarias divisivas el próximo año.
Hace años ayudé a crear una organización para personas de negocios que se oponían al capitalismo de compadres y otras formas de ayuda del Estado a las empresas. Consideramos el nombre claro y frontal de Líderes de Empresas en contra de los Subsidios y Aranceles, o BLAST por sus siglas en inglés, pero acordamos el nombre más elegante Consejo para una Economía Competitiva.



Luego de que lanzamos el Consejo en 1979, nuestro primer gran proyecto era oponerse al rescate de la Corporación Chrysler. En ese entonces, Chrysler era la décima corporación industrial más grande de EE.UU., y un préstamos federal en garantía de $1.500 millones para una corporación privada era la noticia de primera plana. Chrysler, el sindicato United Auto Workers y las grandes empresas de lobbying abundaron el Capitolio junto con toda la prensa.
El Consejo para una Economía Competitiva contrató avisos de página entera declarando que “Rescatar a Chrysler con el dinero del contribuyente sería un gran error. Dicho rescate sería otro paso grande lejos de una economía libre y competitiva”. Considerando que la Cámara de Comercio no estaba adoptando posición alguna acerca de un propuesto subsidio estatal para una sola empresa privada, nosotros estábamos casi solos en la defensa vigorosa del libre mercado. Perdimos la batalla, por supuesto, y la Corporación Chrysler sobrevivió para pedir más rescates en años posteriores.
Unos meses después de esa batalla, las empresas de automóviles empezaron a presionar por restricciones a las importaciones japonesas. Nuevamente, el Consejo entró en acción. Joe Coberly, miembro de la junta y un conocido concesionario de Ford en Los Ángeles, le dijo a un comité del Congreso que “el esfuerzo de imponer restricciones a los autos extranjeros es una conspiración para perjudicar al consumidor estadounidense”.
Cuento esta historia para señalar que el conflicto entre los partidarios de los mercados libres y aquellos del capitalismo de compadres ha sido algo incesante por décadas.
En junio de 2009 la cámara lanzó una “Campaña por la Libre Empresa”. El presidente de la Cámara Thomas Donohue le dijo al Wall Street Journal que una “avalancha de reglas nuevas, restricciones, mandatos e impuestos” podían “seriamente socavar la capacidad de crear riqueza y empleos de la nación”.
La cámara estaba unos cuantos meses tarde con su campaña para salvar a la libertad económica. A fines de 2008 la cámara respaldó firmemente el rescate a Wall Street. Luego de que la Cámara de Representantes inicialmente rechazó el Programa de Alivio para Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés), la cámara envió un mensaje frontal a los republicanos en el Congreso: “No se equivoquen: Cuando las consecuencias de la inacción del Congreso se vuelvan claras, los estadounidenses no toleraremos a aquellos que se quedaron parados viendo y permitieron que la calamidad se de”.
A principios de 2009 la cámara respaldó la ley de estímulo de $787.000 millones del Presidente Obama. Mientras que los partidarios del libre mercado se opusieron a la ley, y el movimiento Tea Party creció oponiéndose a esta, el Sr. Donohue dijo, “Con los mercados funcionando tan mal, el gobierno es el único capaz de reiniciar la economía”.
En 2014 las grandes empresas se opusieron a varios de los miembros más partidarios del libre mercado en el Congreso, e incluso a un legislador de Georgia que estaba alineado con Ron Paul y se oponía al financiamiento con dinero de los contribuyentes para los Atlanta Braves.
La Cámara de Comercio de EE.UU. rápidamente se dirigió a las primarias republicanas en Grand Rapids, Michigan, para intentar de derribar al Representante Justin Amash, probablemente el miembro del Congreso más partidario del libre mercado y más liberal. Los grupos de libre mercado, incluyendo al Club para el Crecimiento, Freedomworks y Americans for Prosperity, firmemente respaldaron a Amash.
Ahora, la Cámara espera gastar hasta $100.000 millones en la campaña de 2016. Roll Call, un periódico del Capitolio, reporta, “Algunos objetivos clave en 2016 para las empresas serán los candidatos de derecha y del Tea Party, aquellos que han descartado la agenda corporativa en el Congreso respaldando el cierre del gobierno, oponiéndose a una reforma migratoria e intentando cerrar el Banco de Exportaciones e Importaciones”. Politico agrega una ley de carreteras a la lista de quejas que las empresas grandes tienen de los conservadores fiscales.
Este conflicto entre pro-mercado y pro-empresa es uno viejo. Adam Smith escribió La riqueza de las naciones para denunciar al mercantilismo, el capitalismo de compadres de su día. Milton Friedman dijo en una conferencia de 1998: “Hay una concepción errónea ampliamente difundida de que la gente que está a favor del mercado libre está también a favor de todo lo que las grandes empresas hacen. Nada podría estar más alejado de la verdad”.
Ese aviso viejo que se oponía al primer rescate de Chrysler advirtió a las empresas que el dinero del Estado siempre viene con condiciones atadas. No se puede respaldar subsidios a las exportaciones, protección contra las importaciones, rescates para Wall Street y leyes de estímulos financiadas con el dinero de los contribuyentes, y luego creíblemente quejarse acerca de “una avalancha de nuevas reglas, restricciones, mandatos e impuestos” que podrían destruir al sistema de libre empresa