martes, 7 de junio de 2016

Una elección ajustada en un Perú que busca crecer

Una elección ajustada en un Perú que busca crecer

Perú Segunda Vta.









Por Mary Anastasia O'Grady
Los peruanos votaron el domingo en la segunda vuelta de una elección presidencial entre Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori, y el banquero, empresario y ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski. Las encuestas previas a la votación estaban apretadas y al momento de publicar esta columna, con un 89,5% de los votos escrutados, aún no se podía determinar con certeza a un ganador.
Esta elección es ya notable por los resultados de la primera ronda en la que los votantes rechazaron a Verónika Mendoza, la candidata del izquierdista Frente Amplio, que prometía un socialismo acérrimo como una cura para la pobreza. Los dos candidatos que llegaron a la segunda vuelta son centroderechistas y partidarios de los mercados abiertos y el respeto de los contratos.


Sin embargo, también hay diferencias reales entre los dos candidatos y, en medio de las crecientes expectativas de la floreciente clase media, el resultado de la votación del domingo podría tener importantes implicaciones para la estabilidad y el crecimiento.
De mantenerse el apoyo a una economía liberal, hay un montón de llagas supurantes en la política económica de Perú que necesitan atención. El estado es notoriamente corrupto. Demasiado gobierno ha empujado la mayor parte de la actividad económica hacia la informalidad, lo que limita el acceso al crédito, mientras se han incrementado también los delitos violentos. Las recetas de Kuczynski para reducir la economía informal y mejorar la calidad del poder judicial y la policía divergieron significativamente del populismo nacionalista de derecha de Fujimori, que incluía un llamado a ampliar el papel de la petrolera estatal.
Perú se destaca por su adhesión en los últimos 15 años al capitalismo democrático, en un momento en que el autoritarismo del chavismo emanado desde Venezuela ganaba terreno en países vecinos. Ni la elección en 2011 de Ollanta Humala, un aliado de Venezuela, logró descarrilar la revolución capitalista del Perú.
El país creció a una tasa anual compuesta de 5% entre 1999 y 2008. Durante el mismo período, las exportaciones se septuplicaron. Los fuertes precios de las materias primas ayudaron. Pero Perú también hizo sus deberes de reformas estructurales.
Un vibrante sector minero, financiado por inversionistas extranjeros, le permitió a florecer, junto a la liberalización del comercio que se había iniciado en los 90 y que puso fin al proteccionismo para los productores nacionales. El acceso a las divisas y las importaciones dieron a los empresarios peruanos las herramientas que necesitaban para competir a nivel mundial. En los años transcurridos desde la crisis financiera global, Perú ha tenido uno de los mejores desempeños de la región, con una tasa anual compuesta de crecimiento de 4,7% entre 2009 y 2015.
Otro logro de Perú desde que Alberto Fujimori dejó su cargo en 2000, luego que tratara de postularse de nuevo a la presidencia, algo prohibido por la constitución, es que ningún presidente ha intentado quedarse más allá de los límites de su mandato. Fujimori fue popular porque estabilizó un país que estaba en el borde del abismo por la hiperinflación y el terrorismo. Sin embargo, con el apoyo de la izquierda, que nunca perdonó a su victoria sobre el sanguinario grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso, los demócratas del Perú frenaron la toma de poder del presidente. Ahora está en prisión condenado por violaciones de los derechos humanos y sobornos.
Si la izquierda latinoamericana, que simuló un amor a la democracia, hubiera utilizado incluso una fracción de la energía que dedicó a poner fin a la carrera política de Fujimori en oponerse a Chávez conforme este daba forma a una dictadura militar, los venezolanos no estarían pasando hambre ahora. Al negar a Fujimori otro mandato, los peruanos sentaron un precedente para la transferencia pacífica y predecible del poder y la competencia política.
Keiko Fujimori, que se convirtió en “primera dama” de Perú tras la separación y posterior divorcio de sus padres, se ha distanciado del gobierno de su padre y se ha comprometido a respetar la democracia. Ella es una política disciplinada con una fabulosa capacidad para llegar a las masas y una efectiva movilización de las bases de Fuerza Popular, el partido que ha construido durante años.
Después de su primer puesto en abril en la primera ronda de votación, pero por debajo del 50% más uno que necesitaba para hacerse con la presidencia, se dedicó de nuevo a recorrer el país. Kuczynski, en cambio, hizo un viaje de una semana a Estados Unidos, algo que después dijo que habría hecho si hubiera sabido el costo que tendría para su posición en las encuestas.
Aun así, PPK, como lo llaman los peruanos, se mantuvo en la competencia. Muchos peruanos asocian el nombre de Fujimori con el autoritarismo, y existía la preocupación de que una mayoría de su partido en el Congreso simplemente aprobaría todo lo que Fujimori presentara. El mes pasado se debilitó aún más por la revelación de que el secretario general de su partido, que es un confidente cercano, está siendo investigado por la DEA.
El nacionalismo económico de Fujimori es extraño en un país que ha estado saliendo de la pobreza a través de su interacción con el mundo. Con frecuencia trató de descalificar a Kuczynski como un tipo rico que quiere ayudar a las empresas y los extranjeros al permitir la exportación de las reservas de gas natural.
Eso parece poco sincero en múltiples niveles. Como hija del presidente que no creció exactamente en un barrio pobre. Y seguramente el MBA que obtuvo en Universidad de Columbia le permite entender que el gas no tiene valor si queda bajo suelo.
Kuczynski quedó como el candidato más reflexivo, con una plataforma a favor de una mayor transparencia, impuestos más bajos y más simples, y un plan visionario para llevar agua potable a los hogares peruanos.
Si Fujimori gana, los peruanos tienen la esperanza de que ella tome prestadas sus ideas. Si él gana, tienen la esperanza de que ella le preste su peso político para el bien del país.