viernes, 3 de junio de 2016

La economía y el Brexit

Carlos Rodríguez Braun evalúa las consecuencias de una posible salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Carlos Rodríguez Braun es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la misma universidad. Su blog se encuentra en www.carlosrodriguezbraun.com y su cuenta de Twitter es @rodriguezbraun.
El próximo 23 de junio los británicos están convocados a un referéndum para responder a esta pregunta: “¿Debería el Reino Unido continuar siendo miembro de la Unión Europea (UE) o dejar la Unión Europea?”. Como es natural, está habiendo un vivo debate allí entre los partidarios de continuar dentro de la UE y los partidarios del “Brexit”, es decir, la salida.



Aunque la economía ha estado en el centro de la discusión, se ha puesto énfasis sobre todo en las consecuencias económicas que el Brexit podía tener para Gran Bretaña. Sin embargo, como recordó hace poco The Economist, el posible abandono tendría impacto sobre la propia Unión Europea, y sobre España: los dos primeros exportadores europeos al Reino Unido son, en porcentaje del PIB, Irlanda y Países Bajos, pero los siguientes son España y Alemania. También el Brexit podría afectar a Sotogrande, por su antigua y estrecha relación con los británicos, que representan un porcentaje elevado de los extranjeros que viven en nuestra comunidad, y también de nuestros visitantes, turistas e inversores.
Las conjeturas sobre los resultados del Brexit normalmente recurren a lo que los economistas llamamos el supuesto ceteris paribus, es decir, suponer que se van los británicos y las demás cosas no varían. De ahí las estimaciones que hemos visto sobre los efectos económicos y políticos de la salida en términos de menos comercio, menos turismo, menos empleo, menos inversiones, más populismo y más euroescepticismo. Las consecuencias serían negativas para el Reino Unido, el resto de Europa, España y Sotogrande.
Sin embargo, nadie sabe si va a ser necesariamente así, porque desconocemos el futuro, y porque suponer que nada va a cambiar es cómodo pero irreal. Por ejemplo, toda Europa se ha acostumbrado a mantener intercambios económicos cada vez más sencillos y baratos. ¿Toleraríamos que los políticos se embarcaran en una carrera proteccionista como la vivida en los años 1930, cuando ahora llevamos décadas de un comercio cada vez más libre que ha beneficiado a los británicos y al resto de Europa? No lo creo.
Por tanto, convendrá prestar atención a la orientación de las políticas, con o sin Brexit, en el Reino Unido y en los demás países, porque unas economías más intervenida