miércoles, 25 de mayo de 2016

La inflación como política


[Publicado originalmente en Newsweek el 6 de abril de 1959. Disponible en  Business Tides: The Newsweek Era of Henry Hazlitt]
En su historia clásica de la inflación del dinero fiduciario en la revolución Francesa, Andrew D. White señala que cuanto más evidentes son las malas consecuencias de la inflación, más furiosas se hacen las demandas de más inflación para curarlas. Hoy, al aumentar la inflación, sus defensores aparecen para sugerir que, después de todo, la inflación puede serlo muy bueno o, si es mala, al menos es un mal necesario. El principal portavoz de este grupo es el profesor Sumner H. Slichter, de Harvard.



El testimonio y los escritos de Slichter abundan en falacias. Me limito ahora a tres: (1) Que una inflación “progresiva” del 2% anual haría más bien que mal. (2) Que es posible que el gobierno planee una inflación “progresiva” del 2% anual (de cualquier otro tipo fijado). (3) Que la inflación es necesaria para conseguir “pleno empleo” y “crecimiento económico”.
Apunté hace tiempo  (Newsweek, 23 de septiembre de 1957), como otros, que aunque el gobierno pudiera controlar una inflación a una tasa de “solo” el 2% anual, significaría una erosión del poder adquisitivo del dólar a la mitad en cada generación. Eso no puede dejar de desanimar el ahorro, producir injusticias y dirigir mal la producción. En realidad la inflación en Estados Unidos ha sido mucho más rápida. El coste de la vida se ha más que duplicado en los últimos veinte años. Es una tasa de interés compuesto de aproximadamente el 4% anual.

No puede planificarse

En el momento en que anuncie una inflación “progresiva” planificada o se espere generalmente por adelantado, debe acelerarse hasta el galope. Incluso Slichter reconoce ahora que, si el prestamista espera un 2% o un 4% de aumento en los precios en un año, insistirá en que esto se añada al tipo de interés recibido para mantener el poder adquisitivo de su inversión. Pero sigue sin ver que todos los negocios se verían forzados a ofrecer una tasa de retorno bruta correspondientemente aumentada, incluso nuevo capital social. Sigue sin ver que si hay un aumento planificado de precios, los sindicalistas simplemente añadirían la cantidad esperada de ese aumento a las demandas salariales que hayan realizado de todas formas. Sigue sin ver que especuladores y compradores normales tratarán de prever cualquier aumento planificado de precios y por tanto lo acelerarán inevitablemente por encima del porcentaje planificado. Sigue sin ver que la inflación obliga a todos a ser jugadores.
La carga de la argumentación de Slichter es ahora que “un pequeño aumento en el nivel de precios es un coste inevitable del “pleno empleo”- Esto sencillamente no es verdad. Lo que hace falta para un “crecimiento” máximo (es decir, empleo óptimo y producción máxima) es una relación o coordinación adecuada de precios y salarios. Si algunos niveles salariales se vuelven demasiado altos para esta coordinación, el resultado es el desempleo. El remedio es corregir los niveles salariales culpables. Tratar de aumentar todo el nivel de precios mediante inflación monetaria simplemente creará nuevos desajustes por todas partes.

Se necesita coordinación

En resumen, si existe una coordinación real de salarios y precios, la inflación es innecesaria y si no existe una coordinación de salarios y precios (si los salarios se imponen a los precios y la producción) la inflación es peor que inútil. Slichter supone que no hay manera de restringir las demandas excesivas de los sindicatos, salvo “quebrando” a los sindicatos. Nunca se le ha ocurrido que solo necesitamos derogar las inmunidades y privilegios especiales conferidos a los líderes sindicales desde 1932, especialmente en las leyes Norris-LaGuardia y Wagner-Taft-Hartley. Si los empresarios no estuvieran obligados legalmente a “negociar” con (en la práctica, a hacer concesiones a) un sindicato concreto, sin que importe lo irracional de sus demandas, si los empresarios pudieran librarse de los huelguistas y remplazarlos pacíficamente reemplazos y si la violencia masiva y los piquetes fueran realmente prohibidos, entrarían en juego los controles competitivos naturales sobre las demandas salariales excesivas.
Slichter argumenta que los sindicatos son una de las causas más importantes de la inflación actual, ¡pero dice al mismo tiempo que un aumento general en los salarios es precisamente la medicina correcta para la economía ahora mismo! Su engaño es pensar que poder usar la inflación para salir de la inflación.