lunes, 23 de mayo de 2016

GEORGE CHAYA El asesinato de su comandante militar abre interrogantes sobre el futuro de Hezbollah

Cartel con la imagen de Mustafa Badreddine.
El grupo terrorista pro-iraní trata de procesar la muerte de Mustafá Badreddine en Siria.
 
Mucha gente conocía el nombre de Mustafá Badreddine, pero pocos podían decir que realmente conocían al comandante de Hezbollah abatido en Siria. Incluso aquellos que lo habían conocido, lo llamaban por diferentes nombres.
 
Badredinne murió la semana pasada en una base del grupo cerca del aeropuerto internacional de Damasco. Después de su muerte, la oficina de prensa de Hezbollah dio amplia difusión del hecho distribuyendo incluso su biografía, fotos y videos. Fue la primera vez que se lo vio en los últimos años. Antes de su muerte, solo se conocían fotos antiguas del comandante chiita y los registros sobre su vida no eran suficientes para saber mucho sobre Badreddine.
 
Hezbollah anunció que su más alto comandante en Siria, conocido entre sus filas como "Zulfiqar" (espada legendaria del Islam) fue muerto en un bombardeo de grupos takfiries (musulmanes sunitas enemigos de los chiitas).
 
Según una fuente militar iraní en Siria que habló con Al-Manar -la televisión oficial de Hezbollah- bajo condición de anonimato, Badreddine no estaba solo en el momento de la explosión. "Hubo una reunión de alto nivel", dijo la fuente. "Un comandante iraní estaba con él y lo acompañaban otros oficiales de alto rango de Hezbollah cuando un proyectil de artillería explotó cerca de Badreddine y la metralla impactó en la parte posterior de su cabeza matándolo inmediatamente". Lo curioso de tal versión es que los demás asistentes solo padecieron lesiones leves.
 
Perder tan alto comandante de sus fuerzas en Siria es un precio muy alto para Hezbollah en una guerra que parece ir hacia ninguna parte en los últimos cinco años. De acuerdo con la fuente militar iraní, "no hay manera de compensar la pérdida de Badreddine, pero la lucha continuará hasta la victoria final del presidente Assad", a cuyo régimen, Irán y Hezbollah sostienen.
 
Sin embargo, la vida de Badreddine estaba rodeada de misterio, especialmente durante la última década. A pesar de estar en el candelero político internacional y ser buscado por el Tribunal Especial para el Líbano (TEL), que lo acusó formalmente como el ideólogo que planifico todos los detalles del asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, acaecido el 14 de febrero de 2005; Hezbollah se negó a entregarlo.
 
En las fotografías que se distribuyeron de Badreddine se lo ve a plena luz del día, hablando con sus compañeros, sonriendo y disfrutando de su libertad. Se lo veía muy tranquilo, no como un hombre con captura internacional o un perseguido por autoridades judiciales libanesas y del propio TEL. Las fotos no sugieren un hombre preocupado en la clandestinidad, lejos de vivir una vida de prófugo como se puede suponer en un hombre buscado por la justicia. Cualquiera pudo haberse cruzado con él en las calles de Beirut. Las fotos y la biografía que difundió Hezbollah lo mostraron como un héroe que vivió y murió como un combatiente contra Israel.
 
La biografía, difundida por el canal Al-Manar, termina con un lacónico titular de que fue asesinado en Siria, donde fue a luchar contra los yihadistas takfiries. Nada se mencionó sobre la sentencia de muerte dictada contra él en Kuwait en la década de 1980 por su papel en los ataques con bomba a unidades del ejército y la embajada francesa allí. No se mencionaron las acusaciones internacionales en su contra como el caso del asesinato de Hariri y menos aún su participación en la organización de los ataques a las barracas de los infantes de marina estadounidenses y los paracaidistas franceses de 1983 en Beirut.
 
El TEL acusó a Badreddine de planear el asesinato de Hariri, de comprar el camión donde se colocaron los explosivos y de la filmación del video donde un hombre llamado Abu Adas se atribuye la responsabilidad.
 
Tampoco se mencionó que la vida de Badreddine estaba rodeada de misterio, especialmente durante la última década, a pesar de estar sentenciado y ser buscado por el Tribunal Especial para el Líbano y por Interpol. Todo lo publicitado por Hezbollah sobre la muerte de Badreddine conforma un fantasioso mito sobre un hombre más ligado al terrorismo y la destrucción que a la libertad y la resistencia.
 
Los que repiten las consignas de que era un héroe, lo hacen de forma automática y desde el fanatismo, como se aprecia en las reacciones de los medios de comunicación libaneses partidarios de Hezbollah que utilizan a Israel como arma arrojadiza para negar y ocultar el papel absurdo de la política local, carente de toda lógica y preñada de irracionalidad. Así, lo presentan como inocente del magnicidio de Hariri y de otros tantos delitos cometidos por Badreddine en Líbano y Kuwait, y del apoyo al régimen sirio, que está asesinando a su propio pueblo.
 
La propaganda de Hezbollah opera del mismo modo que en el pasado lo hiciera el fallecido presidente sirio Haffez al-Assad, donde la experiencia nos mostró que no podía mantener gobernado el país sin la difusión de la ilusión de la causa palestina y la eterna reivindicación de los Altos del Golán -un territorio perdido en conflicto militar- las que utilizó como causa nacional siria con el fin de privar a las personas de sus derechos.
 
Las circunstancias de la muerte de Badreddine siguen siendo un misterio, al igual que su historia. Facciones de la oposición siria e Israel niegan, como es lógico, su participación en su asesinato. ¿Quien se favorece entonces con su muerte en la arena política libanesa, en la guerra civil siria e incluso en Teherán?, se pregunta An-Nahar. El interrogante del diario libanes no es de sencilla respuesta aún.
 
Badreddine fue uno de los altos mandos militares de Hezbollah. Es el cuarto comandante de Hezbollah muerto en Siria. Según la propaganda de su partido, se supone que debemos creer el absurdo de que su muerte ha tenido lugar mientras se encontraba liberando al pueblo sirio de los islamistas suníes y a los palestinos de Israel.
 
Lo concreto es que Hezbollah no es la misma organización que hace una década. Hoy en día está más institucionalizada y mucho más potenciada militarmente por Irán. Varios de sus comandantes han caído en los últimos años, pero esto no cambió el curso de la guerra siria, aunque si está afectando el papel y la imagen interna del partido en Líbano, incluso dentro de la propia comunidad chiita, que antes no cuestionaba nada de Nasrallah, y hoy, por lo bajo, se formula preguntas que no tienen respuestas.
 
Sin embargo, la muerte de Badreddine va a tener un efecto profundo en el mando militar de Hezbollah. Por primera vez en muchos años, habrá un comandante de reemplazo que no disponga del aura legendaria de Badreddine o de su primo, Imad Mughniyeh, también abatido años atrás en Siria y requerido en su tiempo por la Justicia argentina por el ataque terrorista a la Asociación Mutual Israelita de Buenos Aires (AMIA). Lo curioso de ambos casos y otros similares, es que la mayoría de los altos comandantes militares de Hezbollah buscados por crímenes por Interpol y otras agencias acaban muriendo en la guerra Siria
 
Una fuente cercana a la organización, dijo, "Hay otros comandantes disponibles". El efecto mítico de Mughniyeh y Badreddine podría ser una oportunidad para que sangre nueva y nombres no contaminados con crímenes internacionales limpien la imagen de Nasrallah y su grupo a nivel internacional. Sin embargo, en Siria, ello tendrá un efecto muy diferente.

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