viernes, 3 de junio de 2016

Inmigración XXXVIII: 95 tesis contraintuitivas

Inmigración XXXVIII: 95 tesis contraintuitivas

Por Francisco Moreno
El ideario liberal es difícil de aceptar porque en su acervo hay un conjunto de ideas nada desdeñables que violan el sentido común, muy difíciles de asumir en un primer momento. Son ideas que se oponen a lo que nuestra intuición dice que es verdad. Elaborar una visión liberal desafía muchas veces el saber popular y, por tanto, obliga al liberal a ir a contracorriente y a manejar irremediablemente razonamientos algo más complejos y menos simples que el intuitivo mundo de las ideologías comunitarias.
Si hay una idea que sea especialmente difícil de asimilar, incluso para no pocos liberales, es la de que la inmigración es francamente beneficiosa para todos, pese a tener externalidades negativas. Veamos algunas ideas contraintuitivas acerca de la inmigración:


1.       La movilidad de las personas nos hace a todos más inteligentes.
2.       El ser humano es el recurso más escaso que hay sobre la Tierra.
3.       Se dice que la inmigración es un gran problema; es cierto, pero sobre todo si eres tú el inmigrante. Para las vetustas poblaciones desarrolladas es sobre todo una oportunidad.
4.       “Tienen más hijos, son más proclives a la violencia, no saben integrarse, no queremos vernos invadidos, se aprovechan de nuestra riqueza, aceptan salarios míseros…” Este tipo de argumentos fue el utilizado por el entonces régimen de segregación racial de Sudáfrica. Todos lo condenaron al final. Las políticas excesivamente restrictivas de la inmigración no hacen sino crear un apartheid a escala mundial. La segregación no es ya racial pero sí lo es –y vaya si lo es- por el lugar donde uno nace y se cría.
5.       La gran aversión a la inmigración que existe en las mentes de los hombres es una de las causas por la que la economía global no despega más rápidamente. Billones de dólares se pierden todos los años por no maximizar el potencial humano. El único límite es el volumen de capital del país y las posibilidades de mantener la ley y el orden en la sociedad de acogida.
6.       De la misma forma que sucede con el comercio internacional, las ganancias derivadas de la inmigración superan con creces a las pérdidas o externalidades negativas que puedan acarrear. Al igual que las barreras al comercio, los excesivos controles a la inmigración nos restan prosperidad.
7.       Los progresistas se muestran favorables a una mayor libertad migratoria pero rechazan la libertad de movimientos de capitales y, a menudo, también la de mercancías. Los conservadores son partidarios normalmente de estas dos últimas libertades pero son muy reacios a reconocer la libertad de movilidad laboral entre fronteras. Es contradictorio abogar por un mercado globalizado caracterizado por el movimiento libre de todos los factores de producción menos uno (el capital humano). La autarquía nos hace a todos más pobres siempre y sin excepción.
8.       La mayoría de las personas ven la inmigración como un fracaso de los programas de ayuda al desarrollo, cuando en verdad es el mejor programa jamás concebido para salir de la pobreza. Es una manera espléndida de compartir prosperidad entre diferentes lugares. La forma de reducir la pobreza no es destruir la riqueza sino suprimir las barreras que impiden que cada vez más personas accedan a ella. No hay nada mejor que puedan hacer los países ricos por lo pobres que abrirles un poco más sus fronteras. La extrema pobreza siempre va ligada, entre otros factores, a la falta de movilidad. Lo grandioso del asunto es que el Primer Mundo también se beneficiaría.
9.       El comercio internacional beneficia a todos, incluido a los enemigos de la globalización y pese a sus temores. Las migraciones internacionales benefician igualmente a todos, incluido a los nativistas a pesar de sus temores. Ambos grupos son reaccionarios y conminan a sus gobiernos para impedirlas o retrasarlas; van a contracorriente de las tendencias mundiales.
10.   Los más miserables y desprovistos del planeta no son los que emigran, son las modestas clases medias de los países más atrasados las que lo hacen más intensamente. Un mayor desarrollo de los países en vías de desarrollo no disminuye la emigración sino más bien la aumenta.
11.   Adam Smith sostuvo en La Riqueza de las Naciones que cuando los hombres están seguros de disfrutar de los frutos de su trabajo, es natural que lo ejerzan para mejorar su condición. Eso es exactamente lo que buscan los que emigran.
12.   Las remesas monetarias que los inmigrantes envían a sus familiares de forma recurrente son ayudas privadas de solidaridad familiar para manutención, educación y sanidad de los que quedan en origen. Son mucho más efectivas y directas que las ayudas oficiales entre Estados. En 2016 se espera que los migrantes internacionales envíen más de 600.000 millones de USD a sus familiares en los países de origen; de dicha cantidad, las economías en desarrollo recibirán casi 450.000 millones USD. Los flujos mundiales de remesas monetarias triplican ya el montante de la ayuda oficial al desarrollo e igualan al de la inversión extranjera directa, con la diferencia que los primeros no se esfuman a la primera señal de inestabilidad política y son más constantes a lo largo del tiempo. Actúan, además, como una póliza de seguro porque los flujos de remesas aumentan cuando se produce una grave incidencia familiar o una catástrofe natural.
13.   En Nicaragua, Guatemala o El Salvador el abandono escolar de niños es menor en las familias que reciben remesas del exterior. En México o Sri Lanka los recién nacidos pesan y miden más en las familias que reciben ayuda exterior de sus familiares. Las remesas monetarias mantienen ellas solas a unos 750 millones de personas fuera de la pobreza.
14.   Hay remesas monetarias tangibles pero también remesas “sociales” intangibles, estas últimas en forma de experiencia, normas culturales, contactos, nuevas costumbres y nuevos conocimientos que acaban llegando en parte a los familiares de origen y también los enriquecen y transforman.
15.   Los inmigrantes son agentes de cambio. Quienes emigran de países pobres a países ricos fortalecen las instituciones de sus países de origen. Imponen cierta competencia a los países menos desarrollados para que implementen reformas a fin de alentar a que sus ciudadanos se queden. La capacidad de aprender por imitación es uno de los logros más importantes del largo proceso de evolución de nuestros instintos.
16.   Las fronteras sirven a la causa liberal para impedir los riesgos de un gobierno universal. Sin embargo, imponer fuertes barreras a la movilidad internacional entre Estados disminuye la presión hacia los regímenes tiránicos para que cesen de avasallar a sus súbditos así como hacia los gobiernos democráticos para aflojar la persecución de sus ciudadanos más productivos.
17.   La inmigración favorece la paz mundial. Bajo un régimen de libertad económica y migratoria el individuo crea una red de relaciones y se desinteresa de la extensión territorial de su país. Sin una menor preponderancia de los “territorialistas” sobre los “transaccionistas”, no puede haber una paz duradera.
18.   Cuando alguien emigra de un país a otro más desarrollado, la economía global crece. La inmigración está muy lejos de ser un juego de suma cero.
19.   Las ayudas al desarrollo deberían enfocarse al bienestar de las personas, no hacia el de los Estados beneficiarios. Algunos lugares no tienen sencillamente los recursos (naturales o institucionales) para desarrollarse velozmente. Si nos preocupan las personas que viven allí deberíamos procurarles libertad de movimiento para que puedan ir a donde tengan oportunidades para mejorar su situación por sí mismos, no mediante ayudas pagadas por contribuyentes de los países ricos y gestionadas por políticos y los intermediarios amigos.
20.   Los países ricos no están ya poblados, construidos ni terminados. Queda mucho camino por recorrer y progresar. Pensar que ya lo están es hacerlo en términos estáticos. La realidad es siempre dinámica. La división del trabajo y del conocimiento no tiene límites.
21.   En las sociedades de los países desarrollados las bajas tasas de natalidad han venido para quedarse; el rasgo poblacional más destacable es la vejez de sus gentes por lo que tienden al conformismo conservador de lo que hay. El año pasado nacieron más niños en Nigeria que en toda Europa.
22.   En la época actual los inmigrantes tienen más probabilidades de mejorar las instituciones y la libertad económica de los países desarrollados que las que tienen de destruirlas. El debilitamiento y las mayores amenazas a las instituciones de un país provienen de su clase política, no de sus inmigrantes.
23.   Aquellos que hablan de brain drain o fuga de cerebros que sufre el país emisor de emigrantes con el consiguiente empobrecimiento del mismo no saben de lo que hablan. La perspectiva de  emigrar cambia la estructura de los estímulos: es un acicate para la formación de capital humano, no la culpable de la fuga de talentos. Se aspira a un nivel de formación superior, siempre con enormes sacrificios, no para permanecer en el país sino justamente para abandonarlo. Si se les impidiera a los emigrantes salir habría, sin duda, menos titulados de medicina, programación o ingeniería y se condenaría a muchos a permanecer en su país de origen en una economía poco productiva, con entornos institucionales pobres y languideciendo de apatía a la espera indefinida de que su país se desarrolle. Eso les da absolutamente igual a los planificadores del desarrollo.
24.   El control burocrático de la inmigración es semejante al sistema de organización soviético: un comité central asigna cuotas de arriba abajo sin criterios económicos ni de eficiencia de ningún tipo. Fracasa siempre en su misión pero pide cada vez más presupuesto y más poderes.
25.   El problema no es que haya demasiados inmigrantes sino que no hay suficientes medios legales para residir en un país; las cuotas o topes son totalmente arbitrarios y muy estrictos establecidos con antelación por la autoridad central de cada país. Eso es disfuncional.
26.   A una gran empresaria americana, Helen Krieble, después de padecer los efectos de la escasez de visados de trabajadores que necesitaba perentoriamente y de ver el sufrimiento de innumerables “ilegales” deseosos de trabajar en su país, se le ocurrió una de las propuestas más innovadoras para solucionar el lamentable statu quo: proveer inmediatamente a todos los inmigrantes con algún tipo de documento identificativo. Se le conoce como la Red Card Solution, gestionada por agencias privadas pero supervisada por la autoridad.
27.   El objetivo del emigrante no es asentarse en un país sino más bien en una ciudad, sea ésta de su propia nación o no, para lograr mayores salarios. Los inmigrantes prefieren áreas metropolitanas. Las poblaciones rurales ofrecen menos oportunidades de trabajo y, además, sus habitantes suelen padecer fuertes sentimientos nativistas o recelos frente al trabajador extranjero, con el que apenas ha convivido.
28.   La migración Sur-Sur es mayor que la de Sur-Norte. Los flujos de Sur a Norte representan solo el 34% del total. El resto va en otras direcciones: 38% de los migrantes se desplaza entre países del Sur, el 23% entre países del Norte y el 5% de Norte a Sur. En todos se produce el mismo patrón mental de aversión al morador foráneo: del tailandés frente al birmano, del dominicano frente al haitiano, del mejicano frente al guatemalteco, del iraní contra el afgano, del africano contra el empresario de la India, del chino urbanita contra el emigrante connacional venido del campo.
29.   En el futuro es muy probable que unas pocas miles de ciudades de todo tipo concentren casi toda la población humana existente en el planeta. La gran emigración del siglo XXI será sobre todo interna y la gran mayoría se producirá en el Hemisferio Sur. El siglo XXI será el de las ciudades, en contraposición al XX que fue esencialmente el de las naciones-estado.
30.   En 1950 las quince ciudades más pobladas de la tierra se encontraban en el Hemisferio Norte. En el año 2015 se ha invertido el proceso y las quince urbes con más pobladores se hallan en el Hemisferio Sur. Los grandes centros de riqueza y, por tanto imán de inmigración, se están desplazando también al Sur.
31.   Los países y ciudades desarrollados sí piden a los inmigrantes que vengan; es su propia riqueza la que lo hace: los necesitan y los están esperando. La riqueza requiere, no solo mantenerse, sino expandirse. Para ello necesita permanentemente a más personas diversas.
32.   Los inmigrantes no arrebatan puestos de trabajo a los nativos al igual que no lo hicieron las mujeres cuando entraron masivamente al mercado de trabajo. Las economías desarrolladas pueden generar tantas oportunidades de trabajo como trabajadores haya, siempre que exista un mercado igualmente abierto y flexible para todos los buscadores de empleo.
33.   De la misma forma en que, pese a la incomprensión de tecnófobos o ludditas, la tecnología paradójicamente destruye empleos pero no trabajo, la inmigración toma empleos que pueden ser concurrentes con el de algunos nativos, pero también crea más trabajo neto en la economía en su conjunto, pese a que esto tampoco sea comprendido por los nativistas.
34.   Los inmigrantes no reducen los salarios de los nacionales, más bien los elevan. En numerosas ocasiones al realizar trabajos penosos liberan a los nativos para que desempeñen otros trabajos mejor remunerados.
35.   Ciertos trabajos que desempeñan los inmigrantes, caso de que éstos no estuvieran, se externalizarían hacia otros países, no se ofrecerían a los nativos. Si no pudieran externalizarse o automatizarse, desaparecerían sin más esos puestos de trabajo con el consiguiente empobrecimiento general. A mayor inmigración se producen más bienes y servicios. Si no fuera por la inmigración estaríamos importando muchos más bienes y servicios.
36.   Se sabe que el inmigrante legalizado tiene incentivos para invertir en su propia formación. Legalizarlos significa mejorar su cualificación y, por tanto, invertir en capital humano. Eso es necesariamente bueno para la economía en general.
37.   Los inmigrantes cualificados son un beneficio claro para el país receptor, pero también lo son los poco cualificados; ambos tipos de trabajadores son complementarios al grueso de la población del país de acogida cuya cualificación se encuentra en el medio aproximado de ambos extremos. Al tiempo que nuestra futura prosperidad dependerá del desarrollo de actividades de alta productividad, habrá también necesidad de una gran cantidad de trabajo poco cualificado de difícil deslocalización o automatización (i.e. cuidado de mayores).  Sin inmigrantes que ayuden a estas tareas, por ejemplo, los pensionistas tendrán menos bienestar o se verán mayores recortes del presupuesto público o habrá un masivo incremento de impuestos.
38.   Los beneficios del Estado del bienestar no son el imán esencial de las migraciones. Los inmigrantes no buscan asistencia ni subvenciones sino trabajo. Se emigra para ganar salarios mayores. Si a esto se suman las prestaciones sociales tanto mejor para la suerte del inmigrante, pero no son la razón primordial de su desplazamiento. Si es insostenible a la larga mantener la panoplia de las ayudas sociales a todos los que llegan, no es un argumento en contra de la inmigración sino más bien un argumento en contra del Estado del bienestar.
39.   Con la reunificación de Alemania hubo una despoblación de la zona empobrecida del Este hacia el Oeste más próspero. Todavía hoy el efecto llamada de la riqueza es perdurable en el tiempo pues los inmigrantes venidos de fuera prefieren asentarse en la zona Oeste a la del Este pese a que las ayudas y subvenciones del Estado del bienestar son las mismas en toda Alemania.
40.   Los beneficios del Estado del bienestar sí son una rémora para abandonar el país. El acceso a la escuela, al sistema sanitario, a la prestación por desempleo, así como otras ayudas sociales suponen un incentivo a permanecer en el país de acogida. Esto es una de las razones por la que la inmigración de retorno es tan escasa.
41.   El Estado del bienestar destruye los incentivos para trabajar. La inmigración es como la luz: tiene la virtud de poner de manifiesto qué instituciones del país de acogida son o no robustas y si son o no financiables en el tiempo. Preparémonos para ello y preservemos las buenas instituciones y desechemos o reformemos cuanto antes las que no lo son.
42.   Milton Friedman estaba equivocado: las fronteras abiertas no son incompatibles con el Estado del bienestar, tan sólo hay que saber poner la muralla en el lugar adecuado. Fijando ciertos límites a las prestaciones del Estado del bienestar o a la obtención de la nacionalidad se podrían hacer mucho más permeables las fronteras. Debe haber más restricciones al Estado del bienestar y menos a la inmigración. Es lo que sucede en Kuwait o en los EAU, por eso pueden aceptar a millones de inmigrantes que superan con creces en número a los propios nativos.
43.   Si los igualitaristas no soportan excluir a los inmigrantes que logran entrar en su país de los beneficios de su Estado de Bienestar, entonces no tienen más remedio que apoyar la militarización y cierre de las fronteras para impedirles su entrada. Creo que no han pensado bien las consecuencias de mantener sus vacas sagradas. Esta es la realidad: sus derechos son caros y no se pueden compartir con todos.
44.   Es un craso error con consecuencias funestas para millones de aspirantes a emigrar el confundir en el mundo occidental el derecho a la movilidad laboral internacional con el derecho a la ciudadanía y a las prestaciones universales y gratuitas. Lo mismo aplica para el derecho a votar y ser electo. Todo ello se puede otorgar pero después de dilatados periodos de tiempo o a la generación posterior que resida ininterrumpidamente en el país de acogida.
45.   Los “compasivos y solidarios” igualitaristas que piensan que es necesario extender pronto cualquier beneficio de ciudadanía a favor de los inmigrantes hacen un daño indecible a la causa de las fronteras abiertas y, por ende, a millones de personas cuyas oportunidades de prosperar son nulas al permanecer atornillados en su país de origen, en muchos casos con infraestructuras deficitarias, con pobres instituciones sociales, déficit de seguridad y corrupción masiva.
46.   Pese a las múltiples ayudas y subvenciones del Estado del bienestar de los países desarrollados, los inmigrantes usan en conjunto menos prestaciones sociales que los nacionales. Según un estudio de la OCDE de 2009 el montante de transferencias por hogar en España se elevó a 2.244 euros para los inmigrantes y 6.814 para los autóctonos (más del triple). Y a pesar de que los inmigrantes pagan menos impuestos, no son una gran rémora para las finanzas públicas sino, en el peor caso, tienen efectos neutros o, en el mejor de los casos, suponen un pequeño superávit.
47.   Los inmigrantes no son tampoco una carga para los servicios públicos. Si contribuyen más de lo que pagan por los servicios públicos que reciben, el problema radica en que los servicios públicos no son lo suficientemente flexibles no en que los inmigrantes ejercen presión sobre ellos. Los hoteles, las compañías privadas de transporte o los supermercados, por ejemplo, raramente se quejan de que no puedan cubrir con sus servicios la demanda creciente.
48.   A mayores tasas de inmigración, menores tasa de desempleo. No existen evidencias en el presente ni en el pasado de que la inmigración haya supuesto un aumento masivo del desempleo. El “efecto llamada” desaparece cuando no se genera suficiente actividad económica.
49.   Aducir que es mejor no aceptar a más inmigrantes porque existe mucho paro es como apoyar que es mejor no recibir más inversión extranjera porque la que se tiene está mal invertida.
50.   los inmigrantes registran el doble de patentes y tienen el doble de probabilidades de iniciar un nuevo negocio que las personas nativas.
51.   Los inmigrantes mejoran nuestra seguridad, especialmente en las ciudades. En general, no existe correlación directa entre mayor inmigración y aumento de los ratios delincuenciales.
52.   Al inmigrante le cuesta hoy asimilarse a la cultura del país de acogida mucho menos que antes. La habilidad de las sociedades modernas de absorber inmigrantes es mayor que nunca.
53.   Las políticas públicas de multiculturalismo en Occidente son una rémora para el inmigrante y son muy perniciosas para el país de acogida. Deberían de cesar cuanto antes. Sancionar legalmente la tribu o el gueto es suicida. Los inmigrantes son individuos diferentes a todos los demás, incluidos sus propios connacionales. Cuando se les trata como colectivo se les hace un flaco favor.
54.   El inmigrante no es una víctima, ni es merecedor de ayudas estatales. No busca nuestra caridad, ni nuestro reconocimiento como ente grupal sino ganarse la vida con su propio esfuerzo. Debemos darle la bienvenida pero no subvencionarle. Confundir la inmigración con el humanitarismo o la necesidad de multiculturalismo subsidiado es un gran error.
55.   La inmigración no es una amenaza terrorista. Poner barreras artificiales al mercado de trabajo e hiperregularlo propicia la exclusión y, por ende, se aumenta el riesgo de que los jóvenes marginados sean captados por las mafias terroristas.
56.   Los progresistas harían bien en apreciar más los procesos de mercado y la civilización occidental a la que pertenecen. Su sesgo anticapitalista y antioccidental es gasolina ideológica para gente poco inclinada a tomar responsabilidades pero también para jóvenes neoconversos al yihadismo.
57.   Europa ha convivido con el terrorismo desde el siglo XIX. Tanto el terrorismo de antaño como el de hoy no son la mayor amenaza que ha existido ni existe para las sociedades avanzadas. Según datos de la Global Terrorism Database la década 1975-1985 fue mucho más mortífera por atentados terroristas en Europa occidental que las dos recientes décadas pasadas. Al terrorismo se le ha de combatir con una hábil combinación de hard power militar, policial y de inteligencia contra el núcleo duro y sanguinario junto con otro de soft power de atracción y persuasión de aquellos que se encuentran en la periferia.
58.   El caso más extremo es el de Israel que, pese a sufrir un asedio permanente de Hamas y otros terroristas, tiene más de un cuarto de su propia población de origen árabe, mayoritariamente musulmanes y, además, muy politizados por el conflicto de los territorios en disputa con los palestinos. Pese a sus serios problemas internos, no parece que Israel esté en peligro de extinción.
59.   Está constatado que los índices de natalidad de los inmigrantes musulmanes se acaban aproximando a los de las sociedades de acogida, especialmente en la segunda generación. El “virus” del agnosticismo de las sociedades desarrolladas contagia también a buena parte de los musulmanes que residen en ellas.
60.   Los políticos nacionalistas de extrema derecha advierten sobre la amenaza para el cristianismo europeo que supone la llegada de inmigrantes (especialmente los de origen musulmán); sin embargo, muchas iglesias nativas y organizaciones benéficas religiosas socorren a dichos inmigrantes y promueven campañas a favor de una acogida digna dentro de sus fronteras. Pareciera que la actitud de los representantes religiosos no se alinea con las declaraciones de los políticos derechistas que dicen defender el cristianismo. Estos últimos, sin pretenderlo, le hacen el caldo gordo a los ideólogos islamistas que desean separar de manera irreconciliable a las poblaciones humanas por las meras creencias religiosas.
61.   Las identidades nacionales, culturales o religiosas están siendo transformadas en todas partes pero no tanto por la inmigración sino por el desarrollo de la globalización y de la sociedad hiperconectada.
62.   El extranjero como concepto suscita generalmente temores y recelos, especialmente en las zonas poco conectadas y cosmopolitas. Los que quieren recuperar sus países tal y como eran antes no entienden que la globalización no puede desandarse o revertirse.
63.La globalización, la incorporación de nuevas tecnologías, la supresión de aranceles y las migraciones internacionales liberan recursos materiales y humanos para producir y servir en la lista infinita de necesidades humanas: no son más que el desarrollo de productos y servicios enriquecidos con las ideas y las aportaciones de personas con diferentes perspectivas y culturas sirviendo a una misma civilización.
64. En general el nativista acepta el turismo de buen grado a diferencia de la inmigración a pesar de que al primero hay que atenderlo, es consumista y, a veces, bastante invasivo y la segunda, por el contrario, ayuda al mantenimiento de servicios, infraestructuras y propiedades de todo tipo, así como a la producción y tiende generalmente a la integración. Ambos enriquecen al país receptor.
65.   Según la Organización Mundial del Turismo, más de 1.100 millones de turistas viajaron al extranjero en 2014. Europa recibió ese año unos 592 millones de turistas internacionales, es decir, el 117% de su actual población, a los que hay que servir y atender adecuadamente. Por su parte, según Frontex, Europa registró en 2015 (el peor año de la crisis de los refugiados) la entrada de 1,2 millón de inmigrantes, es decir, el 0,24% de la población de la UE, con deseo de trabajar y servirnos. Todavía hay gente que se alarma por la supuesta avalancha de estos últimos que sufre Europa cuando la verdadera invasión son la de los turistas todos los años, de forma incesante.
66. Actualmente la tasa de fertilidad mundial es decreciente; la población mundial va a aumentar mucho más lentamente y luego a estabilizarse y a no crecer con los índices de antaño como nos dicen los alarmistas malthusianos. Dentro de unos 50 años podría darse una escasez laboral que impulse una competencia entre países por los migrantes.
67.   Se espera que este 2016 los migrantes internacionales superen los 250 millones. Es un nivel sin precedentes sin embargo, la inmigración actual es proporcionalmente bastante pequeña si se compara con la historia. Esto es una anomalía con los adelantos en los medios de transporte y la globalización. Es de esperar que esto no se mantenga así por mucho tiempo.
68.   Las mayores tasas de inmigración se suelen producir en pequeños países  (como Singapur, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos) con mucha mayor densidad poblacional que otras naciones con superficies mucho más extensas.
69.   En Alemania, EE UU, Francia, UK, Países Bajos o España entre el 12 y 14% de su población es inmigrante. En Australia, Canadá y Suiza entre el 20 y 25%. En Israel el 30%. En Singapur, Hong Kong o Luxemburgo en torno al 50%. Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos cerca del 80% de su población actual es inmigrante. Chequia, Hungría o Serbia no llega al 5%. La población inmigrante en Rumania y Polonia no llega al 1%; estos últimos muestran gran preocupación por la “invasión” de refugiados sirios en su territorio. Mientras, toda Europa del Este ha sufrido una fuerte emigración de sus propios ciudadanos en años pasados y su curva demográfica muestra un envejecimiento creciente de su población; hay, por tanto, una escasez de trabajadores cualificados y no cualificados en todas sus industrias y sectores económicos.
70.   Los Emiratos Árabes Unidos tienen en estos momentos una población total de 9,3 millones de habitantes, de los cuales solo 1,4 millones son emiratíes, el resto son inmigrantes. Ningún emiratí siente amenazada ni su seguridad, ni su economía, ni su cultura.
71.   En la política de inmigración israelí no existen cuotas para los diversos judíos desperdigados por el mundo que quieran establecerse allí. La mayor oleada de inmigrantes en la historia de Israel provino de la antigua URSS a inicios de los años 90 (cuando aquélla colapsó). A finales de esa década ya eran aproximadamente una quinta parte de la población israelí. No hubo aumento de desempleo y sigue siendo una sociedad muy heterogénea e innovadora. La mayoría de los israelíes hablan actualmente otra lengua (su lengua nativa) además del hebreo. Nadie lo siente como una amenaza cultural para el país.
72.   El sistema de cuotas actual en los países de la OCDE es responsable de haber creado una mayor población inmigrante en los países de acogida. De no existir restricciones tan severas a la inmigración muchos hubiesen regresado a sus países de origen pero no la hacen al desaparecer la red de seguridad de poder entrar de nuevo por razones económicas en caso de necesidad. Ha hecho casi desaparecer la inmigración circular entre países cuando antes era lo habitual en los movimientos migratorios.
73.   El sistema de cuotas es absolutamente indiferente a las presiones de la oferta y la demanda del mundo real. Produce cuellos de botellas artificiales. Debido a las arbitrarias restricciones, a los inmigrantes se les considera ilegales, no porque sean objetivamente ineptos para integrarse en el mercado de acogida sino porque no entran en un molde cuyas dimensiones han sido fijadas de antemano de manera aleatoria por la burocracia gubernamental.
74.   La política migratoria no fue tan disfuncional en el pasado. El sistema de cuotas empezó a emplearse sistemáticamente en las leyes de inmigración de los EE UU desde 1965, luego fue evolucionando para dar prioridad a los familiares de los ya acogidos o naturalizados. Este sistema se extendió, como tantas otras cosas, desde los EE UU a todo el resto de países. Este sistema es un viejo error que lastra las consecuencias indeseables de una política disfuncional migratoria; no tiene por qué seguir acompañándonos.
75.   Los inmigrantes por motivos de reagrupación familiar suponen en los EE UU ya más de dos tercios de todas los visados otorgados a los inmigrantes por las autoridades americanas cada año. Hay excesiva endogamia en el diseño de las políticas de inmigración de los países desarrollados; la mayoría de los visados se entregan a familiares de los ya establecidos por las políticas de reagrupamiento. En el pasado la reagrupación familiar era la excepción, no la regla como sucede en la actualidad por la omnipresente injerencia estatal en los flujos migratorios. Lo lógico sería que entrasen en mayor número los deseosos de trabajar, no los deseosos de reagruparse.
76.   El control de la inmigración está abrumadoramente reservado como competencia exclusiva a los Estados centrales o federales. El descentralizar su control puede suponer una sana competencia para atraer capital humano entre entidades administrativas dentro de un mismo país como sucede con Canadá, país pionero en este sentido. En Calgary ha habido transportes públicos con anuncios que piden a los ciudadanos que voten por una reforma inmigratoria que permita el acceso a más inmigrantes.
77.   Los alarmistas predicen calamidades para aquellos países que acogen a muchos inmigrantes; pero son los países que expulsan a su población por sufrir conflictos bélicos (Siria, Irak, Congo) o por ahogar su economía (Cuba, Venezuela, Eritrea) los que realmente tienen un futuro muy poco halagüeño. El que piense que expulsar a buena parte de su población y “endosársela” a otras naciones es empobrecer a los países receptores de aquella gente, se equivocan; la realidad es justo la contraria. Otra cosa es que los demás países no sepan cómo aprovecharse adecuadamente de ello.
78.   Hay un vínculo muy estrecho entre nacionalismo y proteccionismo. El fachendoso empresario Donald Trump, ignorante de los procesos del orden extenso de cooperación voluntaria y aspirante a la presidencia de los EE UU, está obsesionado con la inmigración mexicana que tanto aporta a la economía estadounidense. Tal vez no se ha actualizado, pues desde 2013 entraron en los EE UU más inmigrantes de China (147.000) que de México (125.000) y esa proporción se ha mantenido en el tiempo. Tal vez debiera construir otra muralla china.
79.   Los inmigrantes ilegales son producto de malas legislaciones en torno a la inmigración, no de un deseo de subvertir las leyes o el Estado de Derecho. El inmigrante con ciertos recursos va a cruzar la frontera, haya o no cuotas suficientes. La diferencia estriba en que las restricciones arbitrarias hace que su cruce sea clandestino y el pago realizado se haga a mafias. Sería  mejor que se facilitara mucho más el paso de la frontera para que fuese todo legal y el Estado se apropiase de esas rentas de los emigrantes que deseasen ingresar en los países desarrollados. Eso sería un torpedo en mitad de flotación de las redes criminales que trafican con seres humanos.  Además serviría para una menor percepción de “carga” entre los nativos.
80.   Los conservadores deberían dejar de fingir que quieren un gobierno limitado: caen en flagrante contradicción cuando denuncian que el gobierno federal es demasiado ineficiente e incompetente para gestionar el servicio de correos o el cuidado de la salud pero piensan que está cualificado para controlar el paso de la gente a lo largo de miles de kilómetros de frontera. Ni siquiera los gobiernos totalitarios pueden controlar las fuerzas subyacentes que mueven los flujos migratorios de las personas.
81.   Las restricciones a la inmigración no se limitan a las fronteras; acaban perjudicando también y sin remedio las libertades de los propios nativos en el interior del país.
82.   Lo que realmente importa en los movimientos migratorios son las reglas claras y sensatas. Las buenas normas recompensan el intercambio, la coordinación y la especialización; las malas, la confiscación, la estabulación poblacional y el politiqueo.
83.   La inmigración contribuye muy probablemente, y sin pretenderlo, al mantenimiento de una sociedad cada vez más dinámica y menos socialista. La diversidad cultural tal vez reduzca los niveles de confianza entre los diferentes grupos y, por tanto, descienda el apoyo a políticas redistributivas tan caras a los socialdemócratas.
84.   Los conservadores se sienten incómodos ante la diversidad de modos de vida; los progresistas ante la autonomía del individuo. Las instituciones que permiten la coexistencia de distintas creencias y modos de entender la vida y protegen la autonomía individual son mucho más adaptativas que las que solo toleran o aceptan individuos homogéneos que comparten creencias y objetivos comunes. Es muy problemático pretender que los órdenes sociales anónimos e inmensos sean colectivistas, íntimos o completamente altruistas.
85.   La Convención de Ginebra se firmó tras la II Guerra Mundial por la mala conciencia de los pises que rechazaron acoger a los perseguidos judíos que pedían refugio. Hoy día, Suecia y Alemania son los países que más en serio se toman la institución del asilo al aceptar la acogida de un número de refugiados que suponen un 0.33% anual de su población. EE UU acoge a un mísero 0,02% de su población y España, peor, un 0,003%. Todavía se piensa que hay una avalancha de refugiados. Resulta patético el paripé de los jefes de gobierno que se niegan o protestan al hacerse cargo de las simbólicas cuotas de refugiados. Occidente está perdiendo su alma.
86.   Los gobiernos europeos no se ponen de acuerdo en repartirse unos 120.000 refugiados (0,03% de la población de Europa). Imaginemos que un país, en un arrebato de solidaridad, decidiera acoger él solito durante una década seguida a más de 400.000 inmigrantes al año. Esto ya sucedió pero con inmigrantes económicos: desde 1998 a 2007 España recibió una media de 445.000 inmigrantes al año. La gran mayoría se integró sin problemas. Cuando vino la crisis el flujo se revirtió de forma natural. Cuando observamos lo complicado y arduo que es que el gobierno español tramite y acoja a unos pocos refugiados sirios (de los casi 17.000 refugiados que se comprometió acoger en septiembre de 2015 ante la Comisión Europea, lleva realmente acogidos solo a un centenar de ellos), no hace falta discurrir mucho para concluir que el mercado actúa de forma más eficiente que las burocracias y la planificación del gobierno.
87.   Al derribarse completamente los controles fronterizos entre los países europeos y darse una libertad de tránsito fruto del tratado de Schengen, no hubo nada parecido a una migración masiva de ciudadanos de países europeos menos desarrollados hacia los más ricos. Las barreras a la inmigración no son solo legales o burocráticas; si éstas desaparecieran subsistirían aún otras como las idiomáticas, culturales o económicas, lo que haría improbable una avalancha repentina en ausencia de las primeras. La decisión de emigrar es minoritaria entre la población que prefiere residir en su propio país (a menos de que haya guerras o amenazas graves y permanentes).
88. La inmigración llama a más inmigración solo si existen oportunidades de trabajo. Ningún país ha padecido ninguna hecatombe por absorber grandes masas de inmigrantes. La clave está en hacerlo gradual y ordenadamente (mediante cauces legales). Es un signo de vitalidad y salud económica el recibir e integrar a inmigrantes de manera constante. Además, cuando la economía se ralentiza, también lo hacen los flujos de entrada y ese estancamiento obedece, no a que hayan tenido éxito las medidas represivas, sino a que los inmigrantes son racionales y se acoplan a las condiciones generales.
89. Las economías con más diversidad de inmigrantes tienen un mejor desempeño. El impacto positivo va más allá de lo económico e influye en el diseño de productos, la ciencia, el arte, la moda, la arquitectura, la investigación, el deporte y muchos otros aspectos de la vida.
90.   El Primer Mundo parece que se alarma por el cambio climático pero afronta ya una crisis muy seria debido al envejecimiento de su población. Los incesantes flujos migratorios que llegan a sus puertas (en forma de refugiados o de emigrantes por razones económicas) no son grandes problemas sino grandes oportunidades. Es una feliz coincidencia el déficit de población, de una parte del planeta, y el exceso de población, de otra.
91.   Debemos considerar la sobrepoblación de algunos países bajo otra perspectiva. Un país está relativamente sobrepoblado si, independientemente de su número de habitantes, la misma cantidad de capital y de trabajo es menos productiva allí que en otra parte. Reducir la sobrepoblación significa en términos económicos reducir esta desproporción, es decir, permitir la libertad de movilidad laboral dentro o fuera de un país.
92.   Nuestro cerebro ha evolucionado durante cientos de miles de años con unos condicionamientos sociales que tienen mucho que ver con la tribu pequeña y con lo familiar; las complejas transformaciones en las que estamos incursos en la actual Gran Sociedad globalizada nos enfrenta a desafíos nuevos. Nuestra vida diaria depende ya de millones de desconocidos. Debemos ir más allá de nuestras predisposiciones intuitivas pero sin pretender planificar totalmente dicha sociedad de manera racional.  
93.   Criticar las excesivas restricciones a la inmigración no quiere decir que no haya ninguna. Los Estados tienen la obligación de salvaguardar la seguridad de sus nacionales pues es inasumible una entrada masiva y repentina de inmigrantes. Sin embargo, tienen también la ineludible responsabilidad de dar respuestas constructivas a los desafíos impuestos por la creciente movilidad laboral de la población mundial. No hacerlo y querer mantener el actual statu quo es irresponsable (síndrome de la avestruz). Las reglas no pueden exigir imposibles, ni prohibir necesidades básicas humanas. Pretender mantenerse aislado del mundo actual es una quimera; los inmigrantes van a seguir viniendo, queramos o no.
94.   Las políticas de inmigración siglo XIX fueron mucho más tolerantes y respetuosas con la gente; a lo largo del siglo XX se han vuelto progresivamente más rígidas y autoritarias. Es preciso revertir de una vez dicho proceso.
95.   Migrar es una de las libertades humanas más profundas; es de esperar que en un futuro no sea tan intensamente sofocada ni reprimida como lo es en la actualidad.