martes, 7 de junio de 2016

Friedrich Hayek demostró que la ley debe estar al servicio de la libertad

El ganador del Premio Nobel de Economía también expuso la manipulación semántica del término “justicia social”

(Newstatesman) Hayek
Hayek advierte que el control económico conlleva al control en todos los aspectos de nuestra vida (Newstatesman)
El 8 de mayo de este año se cumplieron 117 años del nacimiento de Friedrich A. Hayek, uno de los intelectuales más prominentes de la Escuela Austriaca de Economía del siglo XX y Premio Nobel de Economía en 1974.
Ahora bien, me permitiré destacar los aportes de este gran intelectual desde una perspectiva personal, propia de una abogada que le agradece a Hayek y a Bruno Leoni, uno de sus grandes amigos, su aproximación liberal del derecho.
Siendo uno de los alumnos más destacados de Ludwig von Mises, autor de Socialismo (1922) y La acción humana (1949), Hayek fue un consistente critico de los regímenes colectivistas. En este sentido, Camino de servidumbre (1944), a pesar de los primeros rechazos a su publicación, tuvo un gran éxito y dio a conocer a su autor. Siendo un libro político, en palabras del propio autor, alertó que la planificación centralizada de la economía conlleva a un totalitarismo político.
En esta obra Hayek advierte que el control económico conlleva al control en todos los aspectos de nuestra vida al señalar:



(…) la mayoría de la gente consideraría (la) introducción (del control económico) con completa indiferencia. Y, sin embargo, la experiencia de la mayoría de los países continentales ha hecho que la gente reflexiva considere este paso como un avance decisivo en el camino del totalitarismo y de la supresión de la libertad individual (…) Cuando el individuo no tiene libertad de viajar, ya no tiene libertad para comprar libros o periódicos extranjeros; cuando todos los medios de contacto exterior pueden limitarse a los que aprueba la opinión oficial o son considerados por ella necesarios, el dominio efectivo de la opinión es mucho mayor que el que jamás ejerció ninguno de los gobiernos absolutistas de los siglos XVII y XVIII.
En Camino de servidumbre Hayek empezó a perfilar la distinción entre la ley (normas de conducta, nomos) y el mandato (normas de organización, thesis) que sería desarrollada en Derecho legislación y libertad (1973) de la siguiente manera:
(…) ese derecho está formado por reglas que gobiernan la conducta de los individuos en sus relaciones con los demás, que son aplicables a un número desconocido de casos futuros y que contienen prohibiciones que delimitan el ámbito protegido de cada persona (…)” la diferencia entre normas de conducta y normas de organización “radica en el hecho de que las primeras derivan de las condiciones de un orden espontáneo que nadie ha creado, mientras que las segundas se proponen deliberadamente la creación de una organización orientada a alcanzar determinados objetivos. Las primeras son descubiertas (…) Por el contrario, las normas de organización, que tienden a obtener unos resultados particulares, son invención libre de la mente proyectiva del organizador.
Esta distinción es fundamental para entender que la “ley” debe estar al servicio de la libertad; que debe ser un instrumento para el ejercicio de derechos y libertades; y que como ciudadanos debemos exigir que la labor legislativa tenga esta orientación.
Posteriormente, con Los fundamentos de la libertad (1975), Hayek da respuesta a alguna de las críticas que recibió por Camino de servidumbre y  La fatal arrogancia. Los errores del socialismo (1988) sería la última obra de este intelectual que advertía sobre la manipulación semántica de la palabra “social”, específicamente “justicia social”.
Hoy en día muchas de las propuestas de Hayek han sido revisadas dentro de la Escuela Austriaca de Economía, especialmente el rol del Estado, pero definitivamente sus aportes a una concepción del derecho como límite al poder del Estado mantienen plena vigencia.