martes, 7 de junio de 2016

Al demonio la economía; a Maduro solo le importa la Revolución

Los chavistas nunca ocultaron su verdadero objetivo: la construcción de una nación socialista que traiga la "justicia social"

Faced with economic ruin, Venezuela's government persists in its "socialist revolution."
El Gobierno de Venezuela persiste en la “revolución socialista” a pesar del descalabro económico. (@XHNews)
Al fin el mundo está dándose cuenta de la gravedad de la crisis económica en Venezuela, un país rico en recursos naturales cuyo PIB se contraerá en más de 3% por segundo año consecutivo. Las evidentes consecuencias de la intervención estatal, junto con los estrictos controles cambiarios y de precios, pasaron de ser motivo de burla a generar indignación.
Las largas filas para conseguir alimentos básicos son difíciles de esconder, aunque se intente meterlas bajo tierra. Los comentaristas internacionales se aprestan a recomendar políticas económicas racionales para aliviar la situación, pero hay un problema: hace muchos años que el desarrollo económico dejó de estar entre los objetivos del Gobierno venezolano.



En Venezuela existen muchos burócratas educados en los programas de Oxbridge que son capaces de idear soluciones efectivas para los problemas económicos del país. Sin embargo, todos los que ocupan el poder, están, ya sea cegados por la ideología, u obnubilados por los objetivos revolucionarios de justicia social. Por lo tanto, no habrá un regreso al desarrollo sin un cambio en el régimen.
Hoy Venezuela sufre la inflación anual más alta del mundo (más del 70%) y probablemente alcanzará la hiperinflación en un futuro cercano. El país está al borde del default luego de haber agotado sus reservas internacionales tras años de gastos desenfrenados y rebatiñas.
Venezuela es uno de los países más peligrosos del mundo, con casi 25.000 homicidios en 2014, y en el que 90% de los homicidios no se castigan, según el Observatorio Venezolano de la Violencia, ONG que estudia el tema. Además, las instituciones estatales están infestadas por la corrupción y denuncias de crímenes, mientras los ciudadanos sufren las consecuencias a diario.
Como Cuba y Corea del Norte, Venezuela estableció un control cambiario hace más de una década y un control de precios aún más fuerte. Con la caída de importaciones y la escasez de bienes de primera necesidad, que alcanza casi 30%, la comida ha empezado a racionarse.
Para los ciudadanos venezolanos, la realidad económica del país se traduce en un trajín diario para encontrar comida, productos del hogar y medicinas. Un sinnúmero de enfermedades que anteriormente se trataban con facilidad ahora pueden convertirse en una sentencia de muerte. El sector industrial estima que la escasez de productos médicos ya sobrepasa 60%.
Las colas interminables a la espera de comida en los supermercados implican la pérdida de días de trabajo. El caos que ocasiona la llegada de algún producto escaso se está queriendo controlar con un plan de racionamiento del Gobierno mediante captahuellas. Sin embargo, ninguna de estas dificultades económicas debería sorprender, dado que el Gobierno recibe consejos de La Habana.
Los cubanos han soportado las colas por décadas, y los subsidios enviados por Venezuela han sido por mucho tiempo el oxígeno de la economía isleña. Los funcionarios del Gobierno venezolano conocen muy bien la historia del pensamiento económico y las consecuencias que trajo el leninismo.
No obstante se empecinan en las mismas prácticas, porque su objetivo no es el crecimiento económico ni el desarrollo; su objetivo siempre ha sido expuesto claramente, la construcción de una nación socialista del siglo XXI con base en un sistema de Gobierno revolucionario para alcanzar la justicia social.
Este clamor revolucionario por la redención es una consecuencia de los errores y el compadrazgo en el que cayó el país durante su era democrática. Sin embargo, la mala distribución de la riqueza surgió precisamente a causa de políticas públicas basadas en el socialismo.
La propiedad absoluta del Gobierno venezolano sobre el subsuelo del territorio y todo lo que este produce, su incapacidad de diversificar la economía más allá de la producción petrolera y su enfoque dirigista del desarrollo, generó un crecimiento insostenible y benefició solamente a la élite gobernante y a sus simpatizantes.
A pesar del desastre económico, para Hugo Chávez y sus descendientes, la Revolución es la que traerá la justicia para todos aquellos oprimidos en el pasado. A pesar de que han manipulado la verdad al pretender adherir a principios democráticos, sobre este punto nunca ocultaron su verdadero objetivo. Cuando Chávez conquistó el poder por primera vez, una de sus primeras acciones fue cambiar la Constitución. Desde ese momento, una serie de decretos han atrofiado al sector privado (el único productivo) del país.
En Venezuela nadie puede ser despedido, los precios y las ganancias están limitadas (así como las importaciones), es imposible conseguir dólares, y aún así, las empresas deben cumplir una producción mínima para evitar multas o encarcelamiento.
Dado el atrincheramiento de las élites en el Gobierno, la economía todavía no vio su peor momento. La marcha hacia una nación revolucionaria socialista continuará, y solo un mayor revuelo social entre la población necesitada forzará al Gobierno a ocuparse de la economía y la democracia.
Pero una cosa es segura: no hay solución a la crisis económica que incluya al régimen actual, u otro similar. Promover el diálogo con las autoridades actuales solo pospondrá la resolución de la crisis.