jueves, 12 de mayo de 2016

Obama, inmigración, y la Constitución

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Como habrás oído en las noticias, el presidente Obama ha tomado la decisión unilateral de negarse a ejecutar ciertas disposiciones de la ley de inmigración de Estados Unidos. Aunque yo me opongo a esas leyes, he de concluir que está completamente errado el que el Presidente, en efecto, asuma la tarea del Congreso y haga lo que le venga en gana.
Aplicar las leyes de forma selectiva equivale a que no haya leyes. Hitler podría haber acabado con los judíos simplemente anunciando que no procesaría a nadie que matara a un judío.



Dicen que otros presidentes, incluído Reagan, hicieron cosas parecidas al amparo de lo que llaman “discreción procesal”. Pero ese no es un argumento válido. O esas acciones anteriores eran diferentes (por lo menos en grado), o encarnan el mismo principio bajo el cual Obama está actuando ahora: el principio de que el Presidente es quien puede hacer las leyes. Si las acciones anteriores son diferentes, entonces es irrelevante citarlas; si son las mismas que las de Obama, entonces significa simplemente que las acciones anteriores también estaban erradas.
El presidente Obama ha dicho en varias ocasiones que él no podía hacer y que nunca haría lo que ahora de repente acaba de hacer, y sin embargo, ahí lo tienes.
Si las leyes de inmigración son, como yo mantengo, violaciones de derechos individuales, le corresponde a los tribunales decidir eso, y no al presidente. El presidente jura su cargo como pide la Constitución:
“Juro solemnemente que desempeñaré fielmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos, y que, al máximo de mi capacidad, preservaré, protegeré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos”.
La oficina del Presidente está ahí para ejecutar las leyes, así que esto es un formidable abuso de poder por parte del Presidente. No importa que la inmigración libre sea un derecho y no deba ser ilegal: no es la tarea del Presidente decidir qué leyes son correctas o incorrectas. Y el asunto de la separación de poderes – ejecutivo, legislativo y judicial – es un asunto mucho más fundamental que la inmigración. ¿Qué dirían los izquierdistas, pregunta The Wall Street Journal, si un presidente republicano se negara a obligar al pago de impuestos?
Aunque las leyes anti-inmigración sean una píldora muy amarga de tragar, en este caso estamos obligados a condenar de la forma más enérgica posible ese enorme abuso de poder presidencial.
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Por Harry Binswanger