lunes, 30 de mayo de 2016

Cómo curar la pobreza


 

[Publicado el 27 de enero de 1964 en Newsweek. Extraído de Business Tides: The Newsweek Era of Henry Hazlitt]
El presidente Johnson ha declarado una “guerra sin cuartel contra la pobreza humana”. Es un objetivo laudable. En realidad, ha sido el objetivo de gobernantes, estadistas, economistas, reformistas, líderes religiosos, d todo hombre de buena voluntad desde tiempo inmemorial. Es un objetivo compartido por todos los economistas de libre empresa desde los tiempos de Adam Smith y por todos los socialistas y comunistas desde los tiempos de Karl Maarx. El problema no se refiere al fin, sino a los medios. ¿Cuál es la mejor manera de abolir la pobreza?



Por desgracia, los medios que recomienda Mr. Johnson son dudosos. Propone programas de gasto público más grandes y mayores: “construís más hogares y más escuelas y más bibliotecas y más hospitales que en cualquier legislatura del Congreso en la historia de la república” y “presupuestar el mayor apoyo federal en la historia a la educación, la sanidad, la formación de los desempleados y la ayuda a los impedidos económica y físicamente”.

No mediante inflación

El si es posible que hacer todo esto y aún así recortar el total del gasto federal puede reservarse para una consideración posterior. Pero incluso a la vista de sus propias proyecciones presupuestarias, este programa implicaría un déficit combinado en el actual año fiscal y el siguiente de 15.000 millones de dólares. Esta diferencia probablemente se financie mediante inflación, es decir, imprimiendo más dinero al rebajar el poder adquisitivo del dólar y aumentar así los precios. Esto no puede ayudar a los pobres. Independientemente del resultado inmediato, el resultado a largo plazo de la inflación debe ser distorsionar la estructura de producción y por tanto ralentizar la tasa de crecimiento económico equilibrado. Esto no puede ayudar a los pobres. Para el gobierno, tomar prestados ahora 15.000 millones de dólares para reducir los impuestos en 11.000 millones significa que los impuestos deben subirse posteriormente a un nivel aún mayor para pagar la nueva deuda. Esto debe desanimar la producción y el empleo y no puede ayudar a los pobres.
La propuesta económica de Mr. Johnson que haría más daño de todas sería imponer una sanción legal aún mayor a las horas extras, por encima de la dura tasa actual del 50%. Esto solo podría aumentar los costes de producción, aumentar los precios, reducir ventas y producción y por tanto reducir el empleo. No podría ayudar a los pobres.
Mr. Johnson propone dar fondos federales a “las áreas crónicamente en peligro de los Apalaches”, para expandir una “renovación del área”, para “distribuir más comida los necesitados a través de un programa de cupones más amplio”. Todas estas son simplemente nuevas formas de la antigua propuesta de tomar de los ricos y dárselo a los pobres, de tomar de los más productivos y dárselo a los menos productivos. Lo que olvidan los reformadores que respaldan esas propuestas es que no se puede “redistribuir” los frutos de la producción sin reducir drásticamente la propia producción.
Pues esta “redistribución” reduce los incentivos en ambos extremos de la escala económica. Como a los productivos se les quita más parte de su rents mediante impuestos, tienen menos incentivos para dedicarse a ganarla. Como los pobres obtienen más desembolsos y subsidios, también tienen menos incentivos para mejorar sus condiciones a través de su propio esfuerzo. El problema de curar la pobreza es difícil y tiene dos caras. Es mitigar las penalidades de la mala suerte y el fracaso sin eliminar los incentivos para esforzarse y tener éxito.

Restaurar los incentivos

La forma de curar la pobreza no es con inflación, planes de “compartir la riqueza” y socialismo, sino precisamente con las políticas opuestas: con la adopción de un sistema de propiedad privada, libre comercio, mercados libres y libre empresa. Fue en buena parte por adoptar este sistema más integralmente que ningún otro país, por lo que nos convertimos en la nación más productiva y por tanto la más rica de la faz del planeta. A través de este sistema se ha hecho más para acabar con la pobreza en los dos últimos siglos que en toda la historia previa.
La forma de combatir las bolsas restantes de pobreza es mantener este sistema, reducir la intervención pública en lugar de aumentarla, reducir el gasto público y los impuestos punitivos, en resumen aumentar los incentivos para la iniciativa, el esfuerzo, la toma de riesgos, el ahorro y la inversión, que aumentan el empleo, la productividad y los salarios reales.