domingo, 5 de junio de 2016

Volver a encender el crecimiento en las economías emergentes

Michael Spence, a Nobel laureate in economics, is Professor of Economics at NYU’s Stern School of Business, Distinguished Visiting Fellow at the Council on Foreign Relations, Senior Fellow at the Hoover Institution at Stanford University, Academic Board Chairman of the Asia Global Institute in Hong … read more
HONG KONG – No es ningún secreto que las economías emergentes se enfrentan a graves problemas, mismos que socavaron su crecimiento que alguna vez fue explosivo y debilitaron sus perspectivas de desarrollo. La posibilidad de que estas economías regresen a la senda que las conduzca a la convergencia con las economías avanzadas dependerá, en gran medida, de la forma en la que ellas aborden un entorno económico cada vez más complejo.
Por supuesto, la senda de desarrollo de estas economías nunca fue simple o llana. Sin embargo, dicha senda se mostró relativamente clara durante la mayor parte del período posterior a la Segunda Guerra Mundial, incluso hasta hace unos diez años atrás. Los países necesitaban abrir sus economías a un ritmo razonable; tenían que aprovechar la demanda y las tecnologías a nivel mundial; debían especializarse en sectores con posibilidades de actividad comercial; tenían que ir tras una gran cantidad de inversión (alrededor del 30% del PIB); y debían promover la inversión extranjera directa en conjunción con disposiciones apropiadas para la transferencia de conocimientos.


A lo largo de este proceso, las economías emergentes han reconocido la importancia de permitir que los mecanismos de mercado funcionen, garantizando los derechos de propiedad, y preservando la estabilidad macroeconómica y financiera. Quizás lo más importante sea que ellas sabían que debían centrarse en la generación de empleo, sobre todo en las zonas urbanas y en los sectores modernizadores; y, de manera más amplia, debían centrarse en la inclusión e integración.
A medida que iban tras el logro de este programa, las economías emergentes experimentaron inicios titubeantes y numerosas crisis, todo ello a menudo asociado con un nivel de endeudamiento excesivo, trampas en el ámbito de las divisas y una alta inflación. Y, una vez que alcanzaban niveles de ingresos medios, los países enfrentaban fallas estructurales y de política, que son las que acompañan a la transición a un estado de ingresos altos. No obstante, en un entorno mundial cada vez más abierto, caracterizado por un fuerte crecimiento (y una fuerte demanda) en las economías avanzadas, las economías emergentes lograron un enorme y rápido progreso.
Todo eso cambió después de la crisis financiera mundial del año 2008. Sin lugar a dudas, el núcleo del programa de desarrollo sigue siendo el mismo. Sin embargo, dicho programa se hizo mucho más complicado.
Un conjunto de complicaciones surge de los desequilibrios externos a escala mundial, de las distorsiones y de la mayor volatilidad en los flujos de capital, los tipos de cambio y los precios relativos. Si se toma en cuenta que tales desafíos son esencialmente nuevos, no hay ninguna hoja de ruta a seguir que garantice superarlos. Al fin y al cabo, las economías desarrolladas no habían participado anteriormente en el tipo de política monetaria no convencional que se ha visto en los últimos años – un período caracterizado por tasas de interés ultrabajas y flujos de capital transfronterizos ultrarrápidos.
Para las economías emergentes, con sus mercados financieros relativamente poco líquidos, tales tendencias estimulan el exceso de dependencia en el capital externo de bajo costo, que puede ser retirado en un abrir y cerrar de ojos. Los bajísimos costos de los préstamos también estimulan una dependencia excesiva del apalancamiento, debilitando la voluntad para llevar a cabo reformas necesarias con el propósito de impulsar el crecimiento potencial – y, exacerbando aún más la vulnerabilidad de la economía frente a un cambio en las tasas de interés o en las inclinaciones de los inversores.
Para empeorar las cosas para las economías emergentes ricas en recursos, los precios de las materias primas se desplomaron en picada a partir del año 2014. Después de un período prolongado de aceleración del crecimiento de la demanda, especialmente de China, los gobiernos llegaron a considerar los altos precios de materias primas como semipermanentes – una suposición que los llevó a sobreestimar sus ingresos futuros. Ahora que los precios cayeron, estos países se enfrentan a enormes desequilibrios y tensión fiscal. Y, los gobiernos no están solos; el sector privado, a su vez, cimentó sus pronósticos en supuestos optimistas para justificar, imprudentemente, altos niveles de apalancamiento.
El crecimiento más lento de las economías avanzadas también ha debilitado los flujos comerciales, añadiendo fuerza a los vientos en contra. Tal como observóMohamed El-Erian, en la economía mundial, el vecindario que tiene una determinada economía – es decir las economías con las que tiene vínculos económicos o financieros – reviste importancia. Esto es aún más cierto en el caso de las economías emergentes, mismas que se han tornado en altamente dependientes de sus vecinos.
En resumen, las economías emergentes se han visto desafiadas por cambios macroeconómicos generados externamente, políticas monetarias no convencionales, volatilidad generalizada y un lento crecimiento en los mercados desarrollados. Ya que no cuentan con nada que se asemeje a un libro de directrices para guiarlas, no es sorprendente que su capacidad para hacer frente a estos desafíos varíe considerablemente.
En general, aquellas economías que han obtenido mejores resultados, como por ejemplo la de la India, han combinado sólidos fundamentos de crecimiento y reformas con medidas pragmáticas y activistas para contrarrestar las fuentes externas de volatilidad. Por supuesto, India también se benefició de los precios más bajos del petróleo.
Las economías exportadoras de materias primas, como ser Brasil, han luchado mucho más, pero no sólo por la caída de los precios de los recursos naturales. De hecho, la caída de los precios, junto con la reversión de los flujos de capital, develaron debilidades en sus patrones de crecimiento subyacentes, debilidades  que previamente estuvieron disimuladas por las condiciones favorables.
En la actualidad hay, además, un nuevo desafío, que se está creciendo año tras año. Sea cual sea la senda que las economías emergentes elijan para hacer frente a estos desafíos, ellas también deben tomar en cuenta el cambio fundamental impulsado por las tecnologías digitales intensivas en capital. Si bien las tecnologías digitales han creado nuevos tipos de puestos de trabajo en sectores de alta tecnología y en la economía colaborativa, entre otros sectores, estas tecnologías han estado reduciendo y quitando la intermediación de puestos de trabajo de cuello blanco y de cuello azul considerados como “rutinarios”.
En este aspecto, los rápidos avances en la robótica son especialmente prominentes, ya que máquinas cada vez más sofisticadas amenazan con suplantar a la mano de obra de bajo costo en una variedad de sectores. Los altos costos fijos y los bajos costos variables de estas tecnologías significan que una vez que los robots se tornen en más rentables en comparación con la mano de obra humana, la tendencia no se va a revertir, sobre todo teniendo en cuenta que el montaje automatizado puede estar situado cerca de los mercados, en lugar de se lo ubique en los lugares donde la mano de obra es más barata.
Los puestos de trabajo en montaje de componentes electrónicos, que desempeñan un papel enorme en el comercio mundial y que ha ayudado a impulsar el crecimiento en muchas economías emergentes – de manera destacada en la economía de China – son los que están en una situación especialmente vulnerable. Si bien las actividades que involucran costura – por ejemplo, textiles, fabricación de prendas de vestir, manufactura de zapatos – aún no se encuentran muy automatizadas, probablemente sólo es cuestión de tiempo antes de que lo estén.
A medida que las fuentes clásicas de la ventaja comparativa temprana mengüen, los países – en especial los países en desarrollo que se encuentran en las primeras etapas – tendrán que implementar políticas que ofrezcan de manera más prominente servicios (incluyendo servicios comerciables); también tendrán que ajustar su inversión en capital humano. Queda por verse si esto se traduce en la eliminación de los peldaños inferiores de la escalera del desarrollo. El patrón de crecimiento relativamente poco convencional en la India, con su énfasis inicial en los servicios, podría contener lecciones importantes.
De todas formas, los países en desarrollo – y especialmente las economías emergentes – claramente tienen entre manos mucho con lo que deben lidiar. A medida que estas economías suman elementos – como ser, protegerse de la volatilidad, luchar contra las condiciones externas desfavorables, y adaptarse a tendencias tecnológicas de gran alcance – a sus programas fundamentales de crecimiento estructural, dichas economías, infaliblemente, van a cometer errores, e incluso van a tropezar. Esto producirá una gran variación en su desempeño al comparar un país con otro, y probablemente, reducirá el ritmo promedio de convergencia. Pero, en mi opinión, no va a descarrillar la convergencia en su totalidad.