domingo, 15 de mayo de 2016

¿Y si los pobres se volvieren adictos, acabaríamos con la pobreza?

Tal cual

Ángel Verdugo
¿De qué carecen los millones de pobres y miserables de este país, para no resultar atractivos para los interesados en la lucha en favor de la mariguana, y de los adictos a ella?
Lo de hoy, es consumir mariguana. El tiempo y la atención dedicados desde la gobernación a quien la consume, por una razón u otra, deja ver —por decir lo menos—, que las prioridades de este gobierno y las de no pocos grupos sociales, están de cabeza.
¿Cuántos adictos a la mariguana hay en México? ¿Dos millones; tres o cuatro? Los que guste usted pero, no olvide que más de 60 millones de mexicanos sufren, en mayor o menor grado, una pobreza ofensiva.



¿Por qué no les ponemos, a ellos y los suyos, y a las trabas estructurales que les impiden progresar para empezar a mejorar sus condiciones de vida, una parte de la atención que hoy se concede a los adictos a la mariguana?
¿Qué tienen y representan esos adictos, que lleva al gobierno y a nuestro Presidente, y a miles de los que supuestamente están  interesados en el desarrollo del país y la elevación de la calidad de vida de los mexicanos, a luchar denodadamente por la eliminación de toda restricción al consumo de aquel enervante?
¿De qué carecen los millones de pobres y miserables de este país, para no resultar atractivos para los interesados en la lucha a favor de la marihuana, y de los adictos a ella? ¿Acaso porque, para los políticamente correctos, los que sí la fuman constituyen la expresión más acabada de modernidad y refinamiento?
¿Alguien tiene la explicación de por qué nuestras prioridades están de cabeza? Es más, esos que ven en la lucha en favor de la mariguana y su consumo, la cuarta epopeya histórica del pueblo mexicano por obtener su liberación definitiva, ¿qué explicación dan, de su entrega a aquella lucha?
¿Imagina usted cuál sería la condición de los pobres, si a su situación concediéremos la centésima parte del interés que exhibimos hoy por la mariguana y su consumo sin restricciones? ¿Qué centro de investigación sociológica o de políticas públicas, presta la misma atención a la pobreza y sus causas, que la prestada al consumo medicinal y/o lúdico de la mariguana?
¿Cuál es la situación en otros países? ¿Cuántos estudios sobre la pobreza y sus causas, y propuestas para resolverla o al menos, paliar sus efectos, se elaboran por cada cien que tratan sobre la mariguana y sus poderes médicos, hay catalogados casi de mágicos?
Ante la sinrazón que parece dominar a no pocos, que ven en la eliminación de toda restricción para la siembra, cultivo, comercialización y consumo de la mariguana todo un triunfo, ¿cómo explicar que funcionarios y políticos —junto con la intelectualidad de avanzada—, le presten tan poca a nula atención a la pobreza y sus efectos?
¿Cómo podríamos, los interesados en la pobreza y su combate efectivo, relacionar ambos con el consumo de la mariguana, para que millones de pobres obtuvieren algún beneficio? La respuesta, me parece, no es difícil; propondría, simplemente, convertir a los pobres  en consumidores del enervante.
De lograrlo, la atención de tanto intelectual de avanzada, y la de funcionarios y gobernantes que tanto se interesan en la mariguana, se compartiría; un poquito para los adictos y, mucho tiempo y recursos para los nuevos que, si bien no son duchos en esto del forjar y distinguir cuál es la mejor yerba en el mercado, sí representan millones de votos.
¿Qué le parece mi propuesta para reducir la pobreza, y sus efectos? ¿Tiene usted otra? Por lo pronto, piense en que no hay mejor argumento para que tantos concedan atención a los pobres, que éstos sean, antes que pobres, adictos.