domingo, 15 de mayo de 2016

Por qué necesitamos una recesión: Para acabar con el casino del Banco Central


Hay por todas partes señales de una recesión inminente. Las órdenes de bienes duraderos se han desplomado y la estimación del PIB de la Fed de Atlanta se ha rebajado  del 1,4% al 1,9%. Entretanto, las ventas de viviendas “se tambalean” en febrero y la diferencia entre ganancias corporativas pro forma y contables está en su máximo desde la anterior crisis financiera.
Barrons escribe:
Standard & Poor’s informó el jueves de que la clasificación media del crédito corporativo es de doble B, dos niveles por debajo del grado de inversión. Está cerca de un mínimo de 15 años.
Peor aún: S&P ve esto como una señal de que podrían repuntar los impagos y que el ciclo de crédito corporativo ha llegado a su máximo.
Dadas las condiciones más baratas de crédito desde la crisis financiera, las empresas con peores ratings de crédito han podido tomar más prestado, la razón principal por la que ha caído la media.



Las ganancias son especialmente una señal de cosas por venir. Después de años de malas asignaciones de capital alimentadas por crédito barato (que inevitablemente dieron la impresión de que la prosperidad estaba aquí y de que estábamos viviendo en una gran economía), la falsa economía saturada de deuda está empezando a desvelarse. Después de todo, solo puedes atracarte de préstamos mientras que tengas realmente algo sostenible que mostrar. Pero a medida que la economía se empobrece debido al desajuste creado por el banco central entre preferencias temporales de consumidores e “inversión” en producción orientada a más largo plazo, la economía acaba quedándose con malas deudas, activos sobrevalorados y bienes y servicios de los que pocos tienen demanda (económica).  Por supuesto, durante años los banqueros centrales han probado todas las “ideas” tontas imaginables, para sacudir la redoblar la demanda, sin considerar el hecho de que los planificadores centrales no pueden falsear su camino hacia una economía sólida.
Y aun así, con las ganancias amenazando con exponer las verdaderas condiciones económicas, estos mercados han continuado apostando por la sostenibilidad del casino. Es decir, la distancia entre las estimaciones de ganancias futuras y el precio de las acciones de estas compañías sigue expandiéndose. Así que acabamos con gráficos como este, con los precios de los activos disparados y las expectativas de ganancias disminuyendo poco a poco:

Malas noticias son “buenas” noticias (cuando está implicado el banco central)

No justificación “fundamental” para esto: no, su remedio es sencillamente una gran apuesta por el absurdo y las acciones payasas de nuestros queridos banqueros centrales. Después de todo, si las ganancias bajan, el PIB patina y la economía amenaza con contraerse. ¡Esto significa que Janet Yellen mantendrá abierto a perpetuidad el grifo del dinero barato! Malas noticias para la economía son buenas noticias para la casa de apuestas.
Por desgracia para los jugadores y por suerte (tal vez) para un futuro de una economía verdaderamente fuerte, los planificadores centrales monetarios no pueden mantener las cosas eternamente. Nos aproximamos rápidamente a una encrucijada en el camino, por decirlo así. Los bancos pronto van a ver la imposibilidad de “fortaleza” a largo plazo de sus préstamos e igual que durante la crisis de la vivienda de 2008, sus pérdidas amenazarán toda la estructura del crédito en toda la economía global. Y de hecho, esta misma semana, Moody’s ha colocado al Deutsche Bank en revisión a la baja.
CNBC:
El servicio de inversores de Moody’s dijo haber colocado los ratings de Deutsche Bank en revisión por posible degradación, citando dificultades crecientes de ejecución mientras al tratar el baco de estabilizar las ganancias a lo largo de los próximos tres años.
La acción de Moody’s llega días después de que el banco alemán advirtiera que los mercados financieros volátiles en el primer trimestre, normalmente una temporada fuerte para los bancos, resultan ser un problema para todo el sector.
Todo el sector, de verdad.
De hecho, en una visión general de los niveles de deuda de los llamados “mercados emergentes” (¡una expresión de propaganda de los vendedores de Wall Street si es que alguna vez hubo una!) el Financial Times escribía el año pasado:
Según algunas estimaciones, 7 billones de dólares se han dirigido hacia mercados emergentes desde que la Fed empezó a comprar bonos en 2008. Ahora, un año después de que la Fed acabara con la QE, están apareciendo empresas de Brasil a China que encuentran cada vez más difícil pagar sus deudas.
El exceso de capacidad que crearon estas empresas se hizo evidente en cuanto las economía China en ralentización disparó un colapso en los precios globales de las materias primas, dañando a empresas en todo el mundo emergente y mandando a la economía brasileña a una profunda recesión. Algunos expertos dicen que las políticas de QE de la Fed y otros bancos centrales han dejado un legado de exceso de oferta del que se tardará años en recuperarse.
También advierten que apalancamiento del dinero de la QE ha generado montones de deuda en torno al mundo emergente que son difíciles de medir o incluso detectar. Como dijo recientemente Carmen Reinhart, una economista de la Universidad de Harvard, a menudo solo después de que las cosas van mal se hace evidente el tamaño y poder destructivo de las deudas ocultas.

Resulta que, se quiera o no, prestar tiene un lado malo

Exactamente: el poder destructivo de este billón de dólares en deudas sin duda reverberará en todo el mundo financiero. Los bancos (los que deshacen sus posiciones en los desafortunados fondos de jubilación de millones de personas) tienen una exposición tremenda. En palabras de David Stockman, este “casino va a estallar”. No os quedéis con las cartas en la mano.
Sin embargo, consideremos las palabras de John Hussman para concluir en el lado alegre.
[Solo los optimistas informados rechazan que el mercado esté condenado eternamente a valoraciones ricas y lúgubres retornos futuros. La lluvia es buena.]
¡Absolutamente! E pesimismo no está en la idea de que hay una recesión a la vista, en que las bolsas deben caer (antes o después). ¿No, esas son las buenas noticias! Pues podríamos volver a tener la oportunidad de empezar de nuevo, de que las valoraciones de los activos reflejen retornos futuros prósperos, de que el mercado se construya sobre la base de de ahorros y capital y productividad, no de consumo y deuda y burbujas.
La lluvia es buena.