lunes, 16 de mayo de 2016

Poder Económico vs. Político

 
“Habíais dicho que no veíais ninguna diferencia entre el poder económico y el poder político – ninguna diferencia entre el poder del dinero y el de las armas – ninguna diferencia entre la recompensa y el castigo – ninguna diferencia entre la compra y el saqueo – ninguna diferencia entre el placer y el miedo – ninguna diferencia entre la vida y la muerte. Estáis aprendiendo la diferencia ahora”. (La Rebelión de Atlas)
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Un desastroso “paquete” intelectual con el que nos engañan los teóricos del estatismo es equiparar el poder económico con el poder político. Lo habéis oído expresado en bromuros tales como: “Un hombre hambriento no es libre”, o “Le da igual a un trabajador recibir órdenes de un empresario que de un burócrata”. La mayoría de la gente acepta estos equívocos, aunque saben que el trabajador más pobre en los Estados Unidos es más libre y más seguro que el comisario más rico en la Rusia soviética. ¿Cuál es el principio básico, esencial, fundamental, que distingue la libertad de la esclavitud? Es el principio de la acción voluntaria versus la coacción y la compulsión física.
La diferencia entre el poder político y cualquier otro tipo de “poder” social, entre un gobierno y una organización privada, es el hecho de que el gobierno tiene el monopolio legal sobre el uso de la fuerza física.
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¿Qué es el poder económico? Es el poder de producir y vender lo que uno ha producido. En una economía libre, donde ningún hombre o grupo de hombres puede usar la coerción física contra otros, el poder económico sólo puede lograrse por medios voluntarios: por la elección voluntaria y el acuerdo entre todos los que participan en el proceso de la producción y el comercio. En un mercado libre, todos los precios, los salarios y los beneficios quedan determinados – no por el capricho arbitrario de los ricos o de los pobres, no por la “codicia” de nadie o por la necesidad de nadie – sino por la ley de la oferta y la demanda. El mecanismo de un mercado libre refleja y resume todas las elecciones y decisiones económicas adoptadas por todos los participantes. Los hombres intercambian sus productos o servicios por consentimiento mutuo en beneficio mutuo, cada uno de acuerdo con su criterio propio, independiente y no-forzado. Un hombre puede enriquecerse solamente si es capaz de ofrecer mejores valores – mejores productos o servicios, a un precio menor – que otros son capaces de ofrecer.
La riqueza, en un mercado libre, se consigue por el voto “democrático” libre y general – por las ventas y las compras de cada individuo que participa en la vida económica del país. Cada vez que compras un producto en vez de otro, estás votando por el éxito de algún fabricante específico. Y, en este tipo de votación, cada hombre vota únicamente sobre aquellas cuestiones que está cualificado a juzgar: sus propias preferencias, intereses y necesidades. Nadie tiene el poder de decidir por los demás o de sustituir su criterio por el de ellos; nadie tiene el poder de designarse a sí mismo “la voz del público” y dejar al público sin voz y sin voto.
Ahora voy a definir la diferencia entre poder económico y poder político: el poder económico se ejerce a través de algo positivo, ofreciéndoles a los hombres una recompensa, un incentivo, un pago, un valor; el poder político se ejerce a través de algo negativo, amenazando con castigo, daño, encarcelamiento, destrucción. La herramienta del hombre de negocios son los valores; la herramienta del burócrata es el miedo.
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Evadiendo la diferencia entre producción y saqueo, han llamado al empresario ladrón. Evadiendo la diferencia entre libertad y coacción, le han llamado capataz de esclavos. Evadiendo la diferencia entre recompensa y terror, le han llamado explotador. Evadiendo la diferencia entre cheques salariales y armas, le han llamado autócrata. Evadiendo la diferencia entre comercio y fuerza, le han llamado tirano. El tema más crucial que han tenido que evadir ha sido la diferencia entre lo merecido y lo inmerecido.