miércoles, 18 de mayo de 2016

México Un futuro incierto

México Un futuro incierto

Porque México está plagado de  ‘Chapos’ y otros demonios.
Se hace muy difícil para un extranjero, seguir la línea editorial de un medio, y tener que realizar análisis de la situación de otro país. Incluso, dar opiniones y recomendaciones cuando de todos es conocida, la crítica situación – en todos los sentidos -  que vive su país de origen. Todo pudiera parecer una intromisión en los asuntos ajenos, y sin moral política para cuestionar a los demás. Cuando no ha sido capaz de incidir en la solución de los problemas propios.

 
Sin embargo, hay una fuerza suprema que me obliga a involucrarle en las perspectivas del futuro de México. Tengo mi hijo Dioseide Rodríguez López, secuestrado en ese país desde el 14 de noviembre del 2010. Y por ello, estudio y saco conclusiones del proceso socio político de México, para ver como la evolución de ese proceso me da un poco de luz, sobre  el desenlace del caso de mi hijo.
Y en esa pesquisa diaria, me encuentro con hechos y sucesos que definen el entramado mexicano. Ese entramado apunta, que el principal problema de México es de carácter político, principalmente por posición geográfica, tan cerca de los Estados Unidos. Esa condición lo convierte en un interés supremo para los partidarios del antiamericanismo, que ven en México un aliado perfecto: inconsciente, pero natural por su cercanía con los Estados Unidos y sus antecedentes históricos, que pueden y están siendo muy bien utilizados.
La principal estrategia política, sin caer en las teorías de la conspiración, es desestabilizar a México.  A tal extremo, que la población pierda la confianza en los líderes y partidos políticos tradicionales. Bajo  esas prerrogativas sería muy fácil llevar al poder a una persona de interés del “Eje del Mal”. Ya para esa fecha los Estados Unidos también estarán bien desestabilizados, por su incapacidad de lidiar con sus problemas demográficos, que están repercutiendo de forma negativa en los asuntos económicos y sociales de la nación.
El panorama perece sombrío, y sólo se ve para México un futuro incierto. Como se presentan las cosas, todo apunta por un Estado fallido, pues el país está plagado de “Chapos y otros demonios”. Y lo peor, que la sociedad parece no reaccionar, cómo se explica que con más de 70 mil muertos y casi 30 mil desaparecidos, reconocidos de forma oficial, no haya no sociedad civil movilizando a las fuerza activas, para obligar al gobierno a tomar medidas reales, no demagógicas.
La violencia va dejando miles de huérfanos, que a la postre no les queda más camino que tomar el mismo camino que sus progenitores les dejaron. Y el problema de los familiares directos abandonados, no lo conforman sólo los herederos de la violencia. También hay que  incluir a todos aquellos que son abandonados por sus padres, para emigrar hacia los Estados Unidos y otros países, con lo que se rompe todo el entorno familiar.
Cuando se evalúan estas incidentales, se llega a la conclusión, que el fenómeno mexicano es más político que económico, como muchos los tratan de catalogar. Y que el futuro sigue comprometido en los entes de la violencia. La falta de una buena voluntad política no ha hecho funcionar la Ley de Víctimas.

Y como si fuera poco, el Estado no da muestra de lograr la gobernabilidad y que sus filas están plagadas de corrupción. Quien lo dude, que mire para Michoacán, hasta el gobernador interino Jesús Reyna García, quien además era  secretario de Gobierno de Michoacán está siendo acusado de ser un colaborador de Los Caballeros Templarios. Así como muchos de los presidentes municipales y de los cuerpos de la Policía Municipal en el Estado, los cuerpos de la Policía Estatal y los Ministerios Públicos son parte del crimen organizado. Al menos, Jesús Reyna García, ha sido arraigado con suficientes elementos de prueba, aseguró el Procurador General de la República.
Michoacán es una muestra de lo que puede suceder en los Estados mexicanos. Tamaulipas vuelve a complicarse y siguen los muertos y sus consecuencias, como ya analizamos antes. Pero lo peor de todo es la impunidad, los datos de los casos resueltos son escalofriantes. Un Estado que no es capaz de identificar a los culpables, no puede frenar la violencia, porque los violentos quedan impunes y se pierde el respeto a la justicia.
Luego de la cobertura mediática que se generó con la captura del Chapo Guzmán, pereciera que nada queda por escribir sobre el tema. Sin embargo, se hace necesario comentar que casi a los dos meses de la captura o entrega negociada de Joaquín Guzmán Loera, muy poca repercusión ha tenido su captura y muchos mitos se están derrumbando. Pero lo más bochornoso, que el Chapo Guzmán tuvo poder de convocatoria y capacidad movilizativa que el propio Gobierno, cuando cientos de personas se movilizaron en la ciudad mexicana de Culiacán, para pedir la liberación del Chapo Guzmán.
Lo que más llama la atención es la connotación política que se le pretendió dar al caso, a favor de la gestión del gobierno. Precisamente, por la mala imagen que tienen las autoridades mexicanas con respecto al tratamiento del crimen organizado. Tal vez, eso sea parte de la negociación, para la entrega del más reconocido narcotraficante de los últimos años.
Sin embargo, y a pesar de que el gobierno señala que ya ha apresado o dado de baja a unos 77 de los 122 narcos, que tienen en su lista como objetivos, el impacto en la sociedad no se ha hecho notar. Los secuestros, extorsiones, el tráfico de drogas y de humanos continúan y no se logra, con su detención, informaciones privilegiadas, para saber quiénes los protegen, sus redes de operaciones e incluso, donde se encuentran los miles de desaparecidos, que se les atribuían.
Si esto no sucede, la captura del Chapo Guzmán no tendrá mayor importancia, como tampoco tuvo la de Miguel Angel Triviño Morales, el ZETA 40. Y ahora se puede concluir que la búsqueda del Chapo Guzmán era puro teatro. Sus propiedades y las excentricidades que muestran sus familiares, así como  los testimonios que están dando los residentes de Sinaloa, sobre el apoyo del Chapo, eran elementos suficientes para llamar la atención y su ubicación.
El problema de México es estructural, falto de una verdadera política de Estado para controlar los devaneos de la sociedad.  Una sociedad que no pueda autorregularse, tiene que estar bajo un sistema de control, que pueda de forma profiláctica, corregir la actitud delictiva de sus ciudadanos. Y eso incluye la supervisión y control de todos los cuadros políticos y jurídicos del país. Con mecanismos probados, para que los que evalúen, no sean los mismos que participan de la tajada de la corrupción. Porque repetimos, México está plagado de “Chapos y otros demonios”.