miércoles, 25 de mayo de 2016

Mario Vargas Llosa: “Este es uno de esos momentos en que hay que jugarse enteros”

Mario Vargas Llosa: “Este es uno de esos momentos en que hay que jugarse enteros”

Por Fernando Vivas  
Mario Vargas Llosa tiene mucho que decir sobre el Perú, aunque sea desde Madrid, aunque nos haya rodeado –estuvo en Chile, Argentina y Brasil– sin hacer una de sus habituales escalas limeñas. Nuestra segunda vuelta por supuesto que está en su agenda de preocupaciones globales, y apenas responde nuestra llamada constatamos que ha leído los titulares precisos, ha visto los reportajes indispensables y tiene las frases categóricas para respaldar a PPK, rechazar a Keiko Fujimori y emplazar a los indecisos. El Nobel no usa medias tintas. Promete visitarnos a fin de año.
—¿En esta pequeña gira latinoamericana por Chile, Argentina y Brasil, encontró algún lugar común que lo conmueva, que lo haga repensar sus ideas sobre la democracia?

 
He regresado bastante optimista. En Chile había oído que las cosas iban mal y me parece que eso es una exageración. Es una democracia consolidada. Tienen problemas que son como de Primer Mundo, sobre la educación, la desigualdad, todo dentro de una legalidad y libertad que no creo que se vean amenazadas. Tal vez algunas reformas de la Concertación, sobre todo la de la educación, sean demasiado estatistas. Pero no hay nada que dé una impresión de retroceso. En Argentina sí vi un cambio, pero para mejor. Macri sí está haciendo unas reformas radicales a un populismo que llevaba a Argentina al abismo venezolano. Si no se hacían pronto, luego iba a costar mucho sacrificio hacerlas. Traje una impresión positiva, igual que de Brasil.
—¿Brasil entusiasma por las posibilidades de fiscalización que hay dentro de la democracia o hay allí también un ajuste de cuentas entre la clase política?
No, creo que ha quedado reforzada la democracia. El movimiento popular no ha sido antidemocrático, sino de protesta contra una corrupción que era más extendida de lo que creían. La destitución [de Dilma] ha seguido el cauce constitucional. Creo que hay un movimiento de purificación de la democracia y no un retroceso en la legalidad. Solo estuve en Sao Paulo y Porto Alegre, pero encontré mucho optimismo con los cambios. La corrupción era una gangrena y era importante que se tomara al toro por los cuernos. El resultado es más positivo que negativo.
—¿Estos análisis y observaciones de campo lo llevan a replantear algunas ideas que lo animaron a ser candidato en 1990?
Esa candidatura fue un poco precipitada por las circunstancias, no fue tanto una vocación personal como el hecho de encontrarme al frente de un movimiento exitoso para impedir la estatización del sistema financiero. Eso me empujó a algo que nunca había pensado ni querido. Pero la experiencia fue positiva en cierto sentido. Ciertas ideas que yo defendía han sido, mal que mal, aceptadas por muchos peruanos. Y eso es lo que le está dando al Perú, sobre todo desde la caída de la dictadura, estabilidad, progreso económico e institucional. A eso se debe que el Perú haya crecido y tenga buena imagen en el extranjero.
—Humala habló con usted cuando era candidato y fue convincente, porque obtuvo su respaldo.
Dos cosas quedaron muy claras en esa conversación. Que yo lo apoyaría en la segunda vuelta si él se comprometía a respetar la democracia política y la economía de mercado. Él se comprometió y ha cumplido. El Perú no ha seguido el modelo venezolano ni mucho menos. Y la democracia no está comprometida.
—Es cierto que cumplió esas promesas, ¿pero lo sorprendió este ánimo confrontador que una vez en el poder ha complicado su gobernabilidad?
Sí, lo ha complicado. Y, seguramente, hay muchos aspectos que se podrían criticar; pero haciendo las sumas y las restas, el Perú enfrenta este proceso electoral riesgoso con una democracia que funciona y con una economía que es de las más sanas en América Latina. La preocupación es que esto no vaya a continuar luego de las elecciones.
—Ya dijo en la primera vuelta que apoyaba a PPK, de modo que lo volverá a hacer ahora.
Sin ninguna duda. Apoyo a Kuczynski y con unos argumentos que me gustaría que leyeran todos los peruanos y son los de un artículo de Fernando de Szyszlo. Qué lucidez la de ‘Godi’ para explicar las razones por las que el Perú tendría que volcarse hacia la candidatura de Kuczynski y no de la señora Fujimori. Los argumentos son muy sólidos sobre el riesgo tremendo que correríamos dándole una justificación a posteriori a la dictadura de Fujimori, que ha sido de las más corruptas y crueles de la historia del Perú.
—Con su amigo Fernando, sí mantiene una discrepancia respecto del gobierno de Humala y la simpatía por García.
El primer gobierno de Alan García fue catastrófico, pero el segundo no fue malo. El resultado fue bastante positivo. Desgraciadamente, hubo algunos hechos de corrupción que se conocieron después y que yo critico y estoy seguro de que ‘Godi’ los critica en el fondo. Seguramente, tengo algunas discrepancias con ‘Godi’, pero en lo fundamental siempre hemos estado de acuerdo en defender la libertad, la democracia, la economía abierta, la integración del Perú a los mercados del mundo.
—Así como Humala se tomó el trabajo de conversar con usted, ¿Keiko Fujimori o algunos fujimoristas se le han acercado?
No, nunca se han acercado, jamás.
—¿Cree que haya diferencia entre la Keiko de la campaña pasada y la de ahora?
No creo que haya una diferencia esencial. La única credencial que puede lucir es ser hija de su papá, fue su colaboradora y primera dama durante la dictadura. Nunca he creído que hubiese discrepancia entre ella y su padre. Han sido distancias estratégicas por razones electorales, ha apartado a las personas más impresentables. Hay un vínculo esencial y orgánico entre ella y su padre y la dictadura que él presidió. Creo que quienes van a votar por ella tienen que saberlo, y muchos lo hacen porque conocen esa vinculación.
—¿Qué opina de la reciente denuncia de que la DEA estaría investigando a Joaquín Ramírez, secretario general de su partido?
No me sorprende para nada. No sé si es solo el secretario general el que está comprometido, o es ella misma la comprometida. Todos recordamos que en el gobierno de Paniagua se descubrió que seis mil millones de dólares habían sido sustraídos al Perú durante la dictadura. ¿Por qué nos sorprendería que US$15 millones se hayan podido lavar en una campaña? Saldrá a la luz tarde o temprano. El saqueo de la riqueza peruana fue una constante. El gran escándalo de la familia Fujimori fue cuando su esposa denuncia que se estaban robando los donativos que venían del Japón para los pobres del Perú. La falta de escrúpulos y de honestidad fue una constante y es imposible que no la recordemos ahora que la hija de Fujimori podría ser presidenta.
—Hernando de Soto está apoyando a Keiko Fujimori.
No me sorprende nada, él apoyó el golpe [de 1992] desde el primer momento. También es una constante en su proceder político.
—Hugo Neira le dirigió una carta abierta en la que interpela su rechazo al fujimorismo y le pregunta si cree en una fatalidad genética.
No creo en una fatalidad genética. Ella es una hija sumisa y colaboradora de Fujimori y mantiene el vínculo con todo el fujimorismo que espera volver al poder con ella. Lo que supone Neira, no sé con qué argumentos, sobre una ruptura de ella con su padre y la dictadura y sus atropellos y robos, nada de eso he visto. Las declaraciones sobre que no habrá otro golpe de Estado son electorales. Naturalmente, si es elegida por los peruanos, ¿para qué necesita un golpe, si ya tendría el aval para repetir los hechos luctuosos de la dictadura? He leído la carta de Hugo Neira, pero creo que está muy equivocado.
—Él hace una comparación histórica. Dice que la transición española fue comandada por franquistas reciclados y lo mismo podría pasar aquí con el fujimorismo.
En España se trataba de evitar una segunda guerra civil. Era muy importante que hubiera una transición pacífica y la hubo con gran sagacidad de parte de todo el espectro político español, desde los comunistas hasta los conservadores. Son circunstancias tan diferentes que no tiene sentido semejante comparación. Creo que la transición española fue de una gran lucidez, hubiera sido terrible que España se resquebrajara otra vez. Nada de eso pasó y se debió a la inteligencia de la derecha, el centro y la izquierda. Fue un ejemplo para muchos. No sé si hubiera habido un referéndum en Chile sin el ejemplo de la transición. Nada de eso está en juego en el Perú. Hubo una dictadura por un señor que salió elegido democráticamente presidente y cometió el peor delito que puede cometer un mandatario, que es violentar la legalidad. Fue una dictadura corrupta y sangrienta y tiene una hija que quiere volver al poder y ha reunido en torno a ella a los colaboradores importantes de su padre. Una ruptura o una negación de la dictadura de su padre no existe en ella ni por asomo. Sería una gran ingenuidad o una falacia considerarlo.
—PPK fue asesor económico de su plan de gobierno en 1990.
Es un hombre de ideas y bastante especial. Siendo economista, tiene gran sensibilidad artística, toca instrumentos musicales. Tiene una magnífica imagen en el extranjero que al Perú le serviría de mucho si es presidente. Es un candidato estupendo para el Perú de este momento. Sería un retroceso trágico el triunfo de la señora Fujimori. [PPK] Tiene una verdadera pasión por el Perú. Recuerdo hace muchos años cómo pasé una tarde oyéndolo explicar el problema del agua que era pagada por los pobres del Perú. Su candidatura debiera merecer el entusiasmo.
—Una pregunta prosaica. Usted le lleva tres años a PPK [77 años]. ¿Ratifica que a esa edad hay vitalidad para la política?
[Ríe] Sin ninguna duda, se conserva muy bien. Está en buen estado físico e intelectual. Hay algo que quiero decir: sería muy interesante que los líderes de partidos democráticos se manifestaran de una manera más clara, más evidente, más flagrante, en favor de la candidatura democrática y contra la validación a posteriori de la dictadura de Fujimori. Estoy sorprendido de que personas democráticas como Alfredo Barnechea no se pronuncien ante estas dos opciones tan contradictorias como son la hija de un dictador y un señor como Pedro Pablo Kuczynski, que tiene amplias credenciales democráticas.
—Muchos partidos y personalidades prefieren el silencio para no comprometer su futuro político.
No lo entiendo. Como dice Fernando de Szyszlo, este es un momento grave para nuestro país, un momento en el que hay que participar con claridad entre dos opciones tan contradictorias. Este es uno de esos momentos en que hay que jugarse enteros. Es importante en América Latina y en Venezuela, donde ya no son tres quintos sino cuatro quintos de venezolanos que quieren salir del populismo, de la dictadura, del hambre, del aislamiento. Es el momento de consolidar la democracia en el Perú. Nunca he visto en el extranjero una imagen tan buena como la que hay del Perú en estos momentos. Es impresionante oír a empresarios hablar del Perú. Hay que consolidarlo y la mejor manera es con Kuczynski.
—Una pregunta de lector periodista sobre “Cinco esquinas”. ¿Juan Peineta, el actor pomposo obligado a ser cómico, tiene algún referente real?
Ninguno, nadie en específico. Quería rendir un homenaje póstumo a los recitadores que no son de nuestro tiempo. La poesía que se escribe en nuestro tiempo no es para ser recitada por recitadores profesionales. Entonces quería hacer un homenaje a una figura anacrónica. Lo que me pasó es que el personaje que iba a ser muy secundario fue imponiéndose y ocupa un lugar mucho más importante de lo que pensé en un primer momento. Me pasó también con La Retaquita, la periodista.
—Ella es una suerte de colaboradora eficaz y en su colaboración ¿se redime de los males de los que fue cómplice?
Hay en ella un movimiento de decencia en un momento dado, que la lleva a jugarse la vida. Ella no lo planea desde el principio ni mucho menos, porque está como acostumbrada, por el mal ejercicio de su profesión, a hacer esos pactos. Luego, ya con las manos en la masa, o mejor dicho, en la mugre; hay un fondo de limpieza, de honradez que la lleva a dar el salto mortal, que en la novela es decisivo para el desplome de la dictadura. Es un personaje que iba a ser secundario, pero fue creciendo hasta que al final cambió enteramente el desenlace. Son esas experiencias que me apasionan porque, a pesar de llevar tantos años escribiendo novelas, siempre me sorprende que haya personajes que me hacen cambiar completamente el esquema de una novela.
—¿No será que ese par de personajes expresan sus ideas sobre “La civilización del espectáculo”? Son productos retorcidos de ella.
Puede ser. Es un tema que me ha preocupado, casi obsesionado en los últimos años. Seguramente, esos personajes que viven desde adentro la civilización del espectáculo han crecido por eso. Es posible.
—Para terminar, siendo absolutamente respetuoso de su vida privada, quiero preguntarle si quiere compartir algo sobre su divorcio.
Mi divorcio ha sido hecho amistosamente. Efectivamente, ha llegado a su fin. Pero sobre mi vida privada procuro que sea efectivamente privada.
—¿Entonces no me dirá nada de alguna boda por venir?
[Ríe]. No, eso vamos a dejarlo en secreto.
—¿Vendrá pronto al Perú?
Probablemente a fin de año.