miércoles, 18 de mayo de 2016

Las ideas socialistas siguen siendo un peligro

Las ideas socialistas siguen siendo un peligro 
Las ideas socialistas siguen siendo un peligro. Mucho se ha escrito acerca del socialismo. El socialismo es una de las ideas más populares que se hayan propuesto, a pesar de su fracaso. Pero desgraciadamente es un fracaso que triunfa. Ya José Martí lo había alertado cuando dijo: “Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas; y el de la soberbia y rabia disimulada de ambiciosos que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…” Y en la práctica ha sido toda una realidad profética. Incluso, George Orwell, en su libro “1984” define con claridad meridiana los métodos a seguir para poner en función el socialismo como sistema. Sin embargo, ninguna de las alertas han sido suficiente, los pueblos, incluyendo el norteamericano, van cayendo como moscas ante sus “encantos diabólicos”.

 
Sin embargo, lo más preocupante de la idea socialista es su capacidad de reinventarse, y aun sin ello, su capacidad de confundir o encantar a las grandes masas, con sus supuestas reivindicaciones sociales. Así como penetrar las instituciones por medio de unos supuestos románticos idealistas, que por una extraña condición humana, desde posiciones muy ventajosas se apoyan en las necesidades reales de un sector de la población, para y a partir de el convertirse en sus sublimes defensores y protectores.
Esos idealistas, autoproclamados progresistas han minado las universidades, la industria cinematográfica, todos los medios de prensa y ahora van por las instituciones públicas, como las alcaldías, gobernaciones y de una forma u otra, ya en varios países, incluyendo los Estados Unidos asumen la presidencia.
Como bien resalta Leopoldo Escobar, de México se ha vuelto a recurrir a la vieja táctica del socialismo Fabiano, para no identificarse con la estrategia marxista-leninista de las revoluciones y la confrontación directa, por el marcado fracaso de ese proceso en Europa y la Unión Soviética. En países capitalistas y de institucionalidad democrática funciona mejor el Socialismo del Siglo XXI. En otros de democracia más sólida, como México y los Estados Unidos se recurre al clásico socialismo Fabiano. Sin embargo, en países que ya vienen de regreso del socialismo ortodoxo como China, Vietnam y Cuba, la nomenclatura o casta en el poder prefieren el típico capitalismo de estado, pero con atuendos del socialismo clásico, como la represión y la falta de libertades económicas y políticas.
También hace Leopoldo Escobar un recuento histórico sobre el comportamiento de la izquierda y rebate los argumentos sobre la supuesta izquierda buena o necesaria, que ahora se denomina izquierda “moderada o light”. En su artículo, Socialismo: El fracaso que triunfa, Ricardo E. Calvo MD PhD del El Instituto Independiente se encarga de demostrar que, aún en aquellos ensayos de organización socialista, sin un comprometimiento ideológico como fue el caso de los colonizadores americanos del “Mayflower”, plasmada en el libro “En la Plantación Plymouth” escrito por el segundo gobernador de la colonia William Bradford.
Otro ejemplo del mismo caso fue el de Robert Owen quien se aventuró en 1816 a pedirle personalmente al Parlamento Inglés que las condiciones existentes en las fábricas fuesen modificadas y propuso la fundación de “Villas de Cooperación”. Esto también resultó un fracaso. Y finalmente se trasladó a Estados Unidos y quiso poner en práctica su proyecto que se llamaría “Nueva Armonía”, ubicado en el estado de Indiana. He aquí donde nace la verdadera definición del concepto “socialista”. Su proyecto al final también fracasó.
La sociedad comunitaria del kibutz israelita parecía la fórmula perfecta y la que tuvo tal vez algunos resultados, pero la esencia misma de su naturaleza, de la idea socializada,  terminó acabando con la existencia del proyecto. Y para concluir los intentos de lo que podríamos catalogar del socialismo bueno, la Sra. Rooselvet asumió la planificación e implementación de Arthurdale, como algo personal y actuando como “encargada”, intentó establecer voluntariamente una sociedad socialista, aunque bajo los auspicios del Estado, fue Arthurdale en el condado de Preston en el Estado de la Virginia Occidental (West Virginia) en los EE.UU. Al final aquello terminó en un rotundo fracaso.
En conclusión, todas las ideas socialistas han sido un fracaso, pero igualmente siguen siendo peligrosas. Peligrosas porque se imponen de forma sistémica, se imponen desde una situación real y específica y se fundamentan en las reacciones psicológicas de la propia naturaleza humana. Y a todo esto hay que sumarle la incapacidad de las fuerzas antagónicas a la izquierda de concebir y ejecutar métodos para contrarrestarla.
El principal objetivo estratégico de la izquierda internacional es el sometimiento de las instituciones norteamericanas a su voluntad. La contracultura es su principal estrategia, por tanto la inmigración, principalmente ilegal es su prioridad. Además, por su cercanía e incidencia en la situación interna de los Estados Unidos, México es el trampolín principal, razón por la que se ha provocado en México todo un clima de ingobernabilidad, mediante un estado fallido, que se puede extrapolar hacia los Estados Unidos o cuando menos llevar al poder las fuerzas convenientes a los intereses del nuevo orden mundial.
La corriente ideológica más fuerte de los últimos tiempos es el antiamericanismo, donde convergen todas las fuerzas contraculturales hacia los Estados Unidos, desde los musulmanes más radicales, los socialistas resentidos y los anti americanistas históricos, lo que permite reunir una gran fuerza con capacidad e intenciones de utilizar todos los métodos, desde los más violentos hasta los más sofisticados, como la invasión demográfica y la introducción de drogas para desestabilizar la sociedad norteamericana.
En algo que la izquierda es efectiva y sabe manejar son los medios y el discurso. Ya desde los tiempos de Orwell se hablaba de la nueva lengua y es algo que la izquierda domina a la perfección. Y más, frente a unos adversarios incautos, que no saben defenderse ni atacar. Recientemente Mitt Romney dijo una verdad irrefutable: los pobres en los Estados Unidos no son motivos de preocupación, tienen un programa de asistencia social envidiable y dijo más, que aun así, si tenía que revisarlo lo haría. Sin embargo, un barraje mediático se les vino encima y lo peor es que pidió disculpa, asumiendo de oficio su irresponsabilidad. Cuando lo que debió hcer fue atacar y contraatacar a los medios, por su nivel de ignorancia, aunque se sepa que lo hacen por mala intención. Refutarle que no conocen los beneficios de los cuales gaza en pueblo norteamericano. Además, increparlos por su incapacidad de escuchar e interpretar las palabras pronunciadas por él, lo que deja mucho que desear de los medios y sus periodistas, o sea, pasar a la ofensiva.
La capacidad de maniobra de la izquierda es incalculable. En política exterior son implacables, solo hay que ver la posición del ex presidente de Brasil, José Ignacio Lula da Silva con respecto a Cuba y Honduras. El secretario de la OEA, José Miguel Insulsa y por último, el cinismo de Dilma Rousseff. Es inmoral como apoyan y reconocen las supuestas instituciones internacionales las ilegalidades, como la reelección de Daniel Ortega como presidente de Nicaragua y la existencia por más de 50 años de una dictadura militar y represiva en Cuba, sin el menor cuestionamiento.
Sin embargo, lo que se le llama la derecha, no tiene una infraestructura vinculante, a pesar de ser la principal generadora de riquezas. Tampoco cuenta con programas sociales, con administración y gerencia capitalistas, para tener mayor efectividad. Es decir, lo que hace mucho tiempo veníamos proponiendo, el capitalismo social. Gracis  María Corina Macho, que con mucha sabiduría ha remarcadoahora esa nueva teoría para Venezuela.
La izquierda seguirá siendo cada día más peligrosa y efectiva, en la misma mediada que no se busquen acciones inteligentes y con componentes sociológicos que la antagonicen. Es decir, mientras más incompetentes sean sus adversarios, mayor será su empuje y efectos.