miércoles, 11 de mayo de 2016

EE.UU.: El voto obligatorio garantiza votos ignorantes

Trevor Burrus señala que "La ignorancia de los votantes de EE.UU. se ha convertido en un hecho conocido. En una encuesta del Washington Post, sólo el 36% de los encuestados pudieron nombrar a los tres poderes del estado. En otra, el 29% no pudo identificar al actual vicepresidente".

Trevor Burrus es un asociado legal del Centro para Estudios Constitucionales del Cato Institute.
El presidente Barack Obama ha sugerido (en inglés) que sería una buena idea implementar el voto obligatorio. "Otros países tienen voto obligatorio", dijo el presidente, siendo Australia el ejemplo más prominente. "Significaría un gran cambio si todo el mundo votara —eso contrarrestaría el dinero más que nada", continuó.
El presidente está equivocado. El voto obligatorio no sólo no es una buena idea, sino que es inconstitucional.



La Primera Enmienda no sólo protege el derecho a hablar, sino también el derecho a abstenerse de hablar. En 1943, la Corte Suprema sostuvo (en inglés) que no se podía obligar a los estudiantes Testigos de Jehová a saludar a la bandera o a jurar la bandera. Otros casos han defendido el derecho a no ser forzado a expresarse mediante cuotas sindicales obligatorias (en inglés) a ser utilizadas en propaganda política.

Por lo tanto, ¿es el hecho de abstenerse de votar una forma de libertad de expresión? No votar sin duda puede comunicar una variedad de mensajes, como insatisfacción, estar harto del sistema de dos partidos, o incluso ser un anarquista. Es cierto que es un método poco sofisticado de comunicar esos mensajes, pero no es menos sofisticado que la votación. Un voto para un candidato podría indicar tanto una aceptación a regañadientes como un apoyo total. También podría simplemente comunicar que usted odia al otro candidato (o candidata).
La Primera Enmienda garantiza el derecho a no votar. Por otra parte, el Congreso carece de autoridad constitucional para aprobar una ley que establezca el voto obligatorio, en especial en el caso de las elecciones presidenciales. El artículo II de la Constitución le da al Congreso poderes limitados (en inglés) sobre las elecciones presidenciales. Los legisladores en los congresos de los estados tienen el poder de determinar cómo serán seleccionados los electores del Colegio Electoral, y no hay realmente nada en la Constitución que obligue a los estados a otorgar a los ciudadanos el derecho de seleccionar mediante el voto a los electores. El Congreso sólo tiene poder para determinar "la época de designación de los electores, y el día en que deberán emitir sus votos".
Incluso si fuera posible reformar la Constitución para establecer el voto obligatorio, aún seguiría siendo una mala idea.
Mucha gente no vota porque no le importa lo suficiente o no sabe lo suficiente como para participar, y no hay pruebas concluyentes (en inglés) de que el voto obligatorio incremente el conocimiento de los votantes. En otras palabras, las personas que votan tienden a saber más acerca de la política que aquellas que no lo hacen. Vale la pena preguntarse por qué querríamos que ciudadanos con poca formación sean obligados a votar. ¿Simplemente para que estén “involucrados”, incluso si sólo están yendo a votar para evitar una multa?
La ignorancia de los votantes de EE.UU. se ha convertido en un hecho conocido. En una encuesta del Washington Post, sólo el 36% de los encuestados pudieron nombrar a los tres poderes del estado. En otra, el 29% no pudo identificar al actual vicepresidente. ¿Deberían estas personas estar obligadas a votar? Por el contrario, hay un muy buen argumento para sostener que las personas con información extremadamente escasa tienen la obligación moral de no votar. ¿Por qué el resto de nosotros tenemos que sufrir las posibles consecuencias de su ignorancia?
A su vez, en el sistema electoral estadounidense, no votar transmite información valiosa. Cada elección presidencial se trata acerca “emocionar a las bases” —esto es, de lograr que se entusiasmen los miembros clave de un partido lo suficiente como para ir a votar. Si la participación es baja, el partido sabe que  la próxima vez deberán presentar un candidato que genere más entusiasmo que aburrimiento entre sus miembros.
En Australia, donde tienen voto obligatorio y un sistema de voto preferencial (en inglés) —es decir que los votantes clasifican los candidatos por orden de preferencia— tienen un constante problema llamado “el voto burro” (en inglés). Un pequeño porcentaje de los votantes clasifica los candidatos simplemente en el orden en el que están impresos en  la boleta. Es una cantidad pequeña, pero suficiente para dar vuelta una elección reñida. Los votos burros pueden ocurrir debido a la apatía de la gente o pueden tratarse de votos de protesta, pero en 1983 el sistema australiano tuvo que ser reformado (en inglés) para reducir el impacto de los votos burros.
Finalmente, el voto obligatorio no resuelve los problemas que sus defensores esperan resolver: el bajo compromiso de los votantes y su bajo conocimiento. ¿Por qué? Simplemente porque un voto individual no tiene suficiente peso como para que valga la pena para la mayoría de los votantes involucrarse. Estadísticamente hablando, un voto en una elección nacional jamás incidirá en el resultado, y los votantes actúan de acuerdo  a estos  incentivos.
Hágase esta pregunta: ¿Tiene más sentido pasar dos años aprendiendo sobre política para emitir un voto "plenamente informado" o sería mejor gastar ese tiempo investigando el próximo auto que va a comprar? Y recuerde que su voto "plenamente informado" contará tanto como el de una persona que elige a su candidato lanzando un dardo a un tablero con todas las imágenes de los candidatos. En su lugar, simplemente deje que los lanzadores de dardos se queden en casa.