martes, 28 de julio de 2015

Por qué se debe despenalizar el racismo

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Con este post espero poder demostrar de manera lógica y racional que las leyes que convierten al racismo en un delito en realidad son contraproducentes y que lejos de ser una solución no hacen más que agravar la situación.
Se entiende por racismo a: “una forma de discriminación de las personas recurriendo a motivos raciales, tono de piel u otras características físicas de las personas, de tal modo que unas se consideran superiores a otras.” Si bien la xenofobia estuvo presente en toda la historia de la humanidad el concepto de “racismo” es relativamente nuevo en comparación. Se puede ubicar su origen en el siglo XIV con las llamadas “doctrinas de limpieza de sangre” en España. Esta doctrina muy común en la España y Portugal de la Edad Media que daba mayor valor al descendiente del “cristiano viejo”. 

Hay que fulminar el terrorismo estatal

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La libertad de expresión, asociación y reunión continuaron estando gravemente restringidas, y las autoridades se mostraron poco tolerantes con la disidencia. Se castigaba a quienes criticaban el historial del gobierno en materia de derechos humanos”, decía la introducción del informe de Amnistía Internacional del 2010 sobre Libia. En el reporte se hacía mención a la persecución sistematizada orquestada por el gobierno de Muamar el Gadafi hacia la oposición y las minorías del país.

Comunismo o islam: el peligroso monopolio

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De los  9 países principales “enemigos de internet” en el mundo 4 son comunistas (China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam) y 5 son islámicos (Arabia Saudita, Irán, Uzbekistán, Siria y Turkmenistán), según un informe de  la organización Reporteros Sin Fronteras. Sus gobiernos filtran contenidos que hablen de aperturas políticas o religiosas, persiguen a los ciberdisidentes y clausuran páginas webs que alienten a levantamientos o revoluciones.  No es de extrañar que en estos lugares las informaciones sobre las revueltas de Túnez, Egipto y Libia sean altamente controladas o limitadas.

La anarquía no es caos

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Últimamente paso mis días discutiendo con personas, usualmente amigos por suerte, que buscan entender mi alejamiento de mis raíces familiares socialdemócratas y mi despertar hacia el anarquismo. Decir que es una discusión en dos idiomas distintos sería mentir ya que yo sé hablar “estatista” (fue mi lengua materna) pero mis amigos no saben hablar en “anarquista” (alguno que otro está aprendiendo palabras sueltas, ya considero eso un avance) y eso obliga a que la fluidez de la charla sea reemplazada por gesticulaciones exageradas y ahondamiento en conceptos históricos y filosóficos que muchas veces mueven el eje de la conversación más hacia lo semántico y la sección conceptual queda en “hold”. Es un poco frustrante a decir verdad, pero como ya me han dicho muchas veces, debo tener paciencia y recordar que en algún momento yo tampoco podía concebir mi vida sin la presencia de un Estado ubicuo.

En defensa de la difamación

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Aprovechando estos días de vacaciones, estuve disfrutando de la serie de charlas del Mises Circle: “Strategies for Changing Minds to Liberty“. Una en particular, de Walter Block, revisa los capítulos y anuncia secuelas a su libro Defending the Undefendable (gratis para bajar en inglésportugués), donde defiende la despenalización de y explica por qué ciertas actividades de personas que son marginadas por la sociedad no tienen por qué ser sancionadas, como la prostituta, el drogadicto, el especulador, el chantajista, el empleador de niños y otros “indefendibles”. Muchos de estos supuestos crímenes se tratan de meros “delitos sin víctimas”, es decir, acciones que no dañan a ningún individuo en concreto sino que sólo infringen una ley o norma establecida, algo que los libertarianos consideramos una perversión de la justicia, dando cabida a censuras y prohibiciones ridículas.

Uno de estos falsos crímenes que Block trata en el capítulo 7 me hizo recordar de un suceso durante un seminario de organizaciones políticas juveniles. En una discusión, un miembro del partido socialista País Solidario me había dicho que, como un periódico asunceno había publicado algo que supuestamente había ocasionado daños a “su” reputación, él tenía “el derecho” -y lo dijo explícitamente- a ir a quemar las instalaciones del mencionado diario. Por supuesto, ese tipo de razonamientos sólo encuentra lugar en mentes totalitarias o atrofiadas por filosofîas irracionales, pero vale la pena examinar por qué es incorrecto, ya que en menor grado se acepta generalmente que el libelo y la difamación no forma parte de la libertad de expresión.

¡Viva el comercio sexual voluntario!

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La llama de la polémica en torno al comercio sexual se vio reavivada en la Argentina con la decisión de la presidente Cristina Fernández Viuda de Kirchner de prohibir los anuncios de índole sexual en los periódicos, y amenazando que el ubicuo ojo estatal se posará también sobre la tevé e internet. En el caso de los anuncios en la prensa escrita – conocidos normalmente como Rubro 59 por el código otorgado – el motivo de la prohibición según CFK es desalentar el comercio sexual y la trata de personas: “La oferta sexual del rubro 59 es un delito y una profunda discriminación a la condición de la mujer como tal“. A partir de la promulgación de la ley, todo anuncio sexual queda vetado so pena de multas y prisión.

¿Matar a los diputados?

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Mucho antes que el ex presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson (1801-1809), como uno de los principales autores de la Declaración de la Independencia norteamericana, haya proclamado, la frase “El árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los patriotas y de los tiranos”, y que incluso, el historiador y sacerdote jesuita español Juan de Mariana (siglo XVI), siguiendo a Tomás de Aquino, justificara la muerte a un rey o tirano por el pueblo, encontramos en Juan de Salisbury (teólogo y filósofo de la Escuela de Chartres), una antesala de esta premisa con un aparente concepto liberal primitivo, ya a partir del siglo XII.

Encontré el libertarianismo a través del trabajo sexual

Encontré el libertarianismo a través del trabajo sexual

En los países que la prostitución es legal es mucho más difícil someter a las mujeres. (Flickr)
Cada vez que conoces a otro libertario, una de las primeras cosas que te pregunta es por tu historia personal; todo el mundo quiere saber cómo llegaste al libertarianismo. Siempre que surgía esta pregunta me escondía con el mismo cuento: “¡Un amigo me dio algo de Friedman y Hayek para leer y he estado cautivada desde entonces!” Estuve usando esa mentira desde ya hace unos tres años. No tuve más opción que mentir porque no estaba preparada para que el mundo conozca mi historia. Y francamente, aún no estoy lista para que lo sepan, así que por ahora permaneceré en el anonimato.
Cuatro años atrás, me harté de mi trabajo de sueldo mínimo como vendedora y dejé que mi mente emprendedora vagara libremente. Luego de algunas horas en internet, encontré unas ofertas que sonaban bastante legítimas en Craigslist: “¿Estás buscando ganar hasta US$25.000 trabajando solamente 4 meses del año? ¡Escríbenos y empecemos!”


La tiranía de las buenas intenciones

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En mi artículo anterior hice referencia a los peligros que conlleva que un grupo social se erija en tutor de los demás y utilice al estado como brazo armado para “protegernos” de nosotros mismos. Esa es una de las caras de la moneda totalitaria. La otra cara, a la que me referiré en el presente artículo, es la nefasta costumbre de hacer que un acto que es moralmente loable para un grupo social sea obligatorio para todos por medio de una ley.

Libertarianismo en una sola frase

  Roderick T. Long

 
David Bergland ofreció una vez el Libertarianismo en una lección. Me gustaría ofrecer el libertarianismo en una sola frase. La formulación más concisa del libertarianismo que se me ocurre es la siguiente:
Otras personas no son tu propiedad. En otras palabras: no son tuyos para que les mandes. Sus vidas no son tuyas para microgestionarlas. Los frutos de sus trabajos no son tuyos para disponerlos. No importa lo inteligente o maravilloso o útil que sería lo que sea que quieras que otras personas hagan. No es asunto tuyo si usan cinturones de seguridad, rinden culto al dios correcto, tienen relaciones sexuales con las personas equivocadas, o participan en transacciones de mercado que te irritan. Sus opciones no son tuyas para dirigirlas. Son seres humanos como tú, tus iguales bajo la ley natural. No posees autoridad legítima alguna sobre ellos. Mientras ellos no crucen la línea y empiecen a tratar a otras personas como su propiedad, no tienes ningún fundamento moral para iniciar la violencia contra ellos, ni para autorizar a cualquier otra persona que lo haga en tu nombre. El principio básico de las relaciones sociales civilizadas fue enunciado en 1646 por Richard Overton :