miércoles, 29 de julio de 2015

El Sistema de Tarifas: sobre los Antecedentes Económicos de la Guerra Civil Americana.

por Jorge A. Soler Sanz.
 
Tradicionalmente, se ha venido explicando la Guerra Civil Americana como ese intento por parte de los estados libres e industriales del norte por abolir los derechos de esclavitud que para sí se abrigaban los grandes terratenientes y latifundistas en los estados del sur. Y efectivamente este fue uno de los intereses fundamentales, pero que carece de la importancia y peso relativo que se le ha venido dando de forma tradicional. El tema más importante sobre el tapete fue ese de si un Estado centralista y federal con vocación de imperio universal (impuestos) podía permitirse el lujo de hacer la vista gorda frente a los grandes señores terratenientes del sur y sus terrenos alodiales. Es decir, que el tema en cuestión del cual la esclavitud venía a ser la punta del iceberg, oscilaba entre los poderes absolutos que para sí perseguían la banda del Potomac y la soberanía de los estados independientes y su derecho de veto[i].  

¿Individualismo o Anarquismo de Libre Mercado?

  por Jorge A. Soler Sanz

Sólo existen dos mecanismos en función de los cuales el hombre consigue aglutinarse y organizarse en grupos humanos. Este resultado se puede lograr, bien por medio del mecanismo del rechazo (discriminación), o bien por medio de la coacción (leyes impositivas). Mientras que el primero de los mecanismos carecería de todo sentido teleológico (cultura y lenguaje), el segundo sería intencional y consciente al tener su raíz en la planificación e instauración de ciertos valores corporativos en la sociedad que en verdad pueden o no ser ajenos a la cultura misma (Estado). El primero de estos mecanismos tendría un carácter voluntario y emergente mientras que el segundo tendría su raíz en la coacción y el uso ilegítimo de la fuerza. Los individuos que se sitúan dentro de la primera categoría postulando el axioma de no agresión y el carácter voluntario de toda relación humana son anarquistas clásicos de libre mercado; esos que se encuentren en el segundo grupo y que postulan la necesidad del Estado como elemento cohesionador de lo social representan el enfoque estatista (la gran mayoría social); y esos que se identifican con una tercera vía donde se trata de respetar la singularidad del individuo y que abogan por la aceptación de estilos de vida alternativos (anarquismo individualista y contestatario), se trata en verdad de gente confusa, pues lo cierto es que no existe una tercera vía. O bien uno está a favor de la libertad como elemento aglutinador de la cultura, el lenguaje y las relaciones humanas, o bien se apuesta por la implantación de valores corporativos a través de leyes impositivas, pero una posición intermedia entre ambas no representa solución alguna debido al carácter arbitrario y convencional de la regla. Este artículo va precisamente dedicado a los integrantes de esta tercera vía, pues se trata de mostrar el tipo de inconsistencias lógicas a las que aboca esta postura.
 

Una Sociedad de Derecho Privado o de Leyes de Estado

  por Hans Hermann Hoppe (State or Private-Law society), a partir de una conferencia realizada en Brasil

Sólo en su isla, Robinson Crusoe puede hacer lo que se le antoje. Para él, la pregunta relativa a las reglas que conforman la conducta humana-la cooperación social-carece de sentido. Esta pregunta sólo puede surgir si aparece en escena otro ser humano, Viernes. Y sin embargo, incluso en este caso esta pregunta resulta del todo irrelevante siempre y cuando no exista escasez. Supongamos que la isla es el Jardín del Edén. Aquí todos los bienes externos se dan en superabundancia. Se trata de "bienes gratuitos," tal y como también lo es el aire que respiramos. Sea lo que sea que Crusoe haga con estos bienes, sus acciones carecen de toda repercusión-con respecto a su futuro o presente suministro, tanto para Viernes como para él mismo (y vice versa). De ahí que sea del todo imposible que surja el conflicto entre Crusoe y Viernes en relación al uso de estas cosas. El conflicto sólo se hace posible cuando los bienes comienzan a escasear; y sólo entonces es que se hace necesario establecer reglas que garanticen el orden y permitan la cooperación en una sociedad exenta de problemas.

¿Debería de darse libertad a la gente para que discriminara a otras personas?[i]

Walter Block, en Defensa de la Discriminación

A primera vista, la única respuesta propia frente a esta cuestión parecería ser un "no" rotundo (desde el horror). Sin embargo, tras una reflexión más detallada, las cosas no parecen tan simples.
Un par de cuestiones preliminares. Los liberales, a los que se asocia con este tipo de respuestas de altos vuelos en la mente del público, no asienten del todo a ello. Sin restar importancia a sus quejas, estos favorecen la discriminación por cuestión de raza[ii] (siempre y cuando ésta favorezca a los perdedores frente a los ganadores). Los liberales puede que hayan optado por no reconocer esta descripción de los hechos, pero su defensa de las políticas de afirmación positiva, cuotas, "metas," abrogaciones, normalizaciones y tales otros programas equivale a discriminar-ni más ni menos. Esto, por supuesto, se supone que se hace con "la mejor" de las intenciones, o al menos por razones que a estos les parecen justas y suficientes, pero lo mismo cabe decir de cualquiera que actúe (Mises 1966). En resumen, "los progres" apoyan la discriminación a favor de los grupos más marginados por cuestión de principio y, de forma presumible, actúan de esta manera en sus propias vidas.[iii]

¿Por qué es importante disponer de un dinero de mercado?


  conferencias del profesor Rallo
El abandono del dinero de mercado como medio de pago ha sido en parte responsable de la pérdida de soberanía individual que de forma tradicional el consumidor ha tenido siempre frente a la empresa y el productor de bienes y servicios. El hecho de que la teoría de la elección racional sea una subjetiva, es decir, una relativa al valor "subjetivo" atribuido por los consumidores a los bienes de consumo, no quiere decir que el dinero no tenga propiedades objetivas que le conviertan en el medio de intercambio más idóneo de mercado. ¿Pero a qué tipo de dinero nos referimos con eso de un dinero "de mercado"? 

¿Es posible crear riqueza?

por Jorge A. Soler Sanz
Vamos a hacer una afirmación que bien pudiera parecer contradictoria o poco intuitiva en relación con nuestra experiencia individual con las cosas. En nuestro quehacer cotidiano vemos a gente que se enriquece, o que empobrece, a empresas crear nuevos productos, o expansionarse a nuevas áreas de la economía, y ello provoca la impresión de que produciendo mucho, o aportando muchos dividendos, se puede crear riqueza de nuevo cuño. Sin embargo, esto sólo es cierto en apariencia. Si la riqueza viene definida por la posesión individual de bienes presentes que se encuentren en alta demanda por la sociedad (no se trata sólo de tener dinero), el total agregado de riqueza de la sociedad en su conjunto siempre ha de permanecer constante. Es decir, que la riqueza en verdad ni se crea ni se destruye, sino que se traslada de unos lugares a otros.

Sea el siguiente escenario para ilustrar el ejemplo. Supongamos, por simplificar las cosas, que nuestra economía está compuesta de sólo 4 individuos que poseen cuentas corrientes y participaciones de la compañía ACME.
 

Tabla 1
              Estado inicial de los activos financieros

              Juan             Pedro              Miguel          Laura

CC         €5000           €5000              €5000           €5000

Part.      100 a €50     100 a €50        100 a €50      100 a €50

 

¿Tiene sentido decir que uno está en contra del Estado?

  por Jorge A. Soler Sanz
 
La gente suele hablar del sistema capitalista como si se tratara de un "ismo" más. Socialismo, comunismo, capitalismo, etc., son todos ellos sistemas que implanta el hombre en función de cómo se distribuyan los recursos y cuáles sean sus intereses (esto es muy importante). Es así que se equipara la actividad política convencional y transitoria que propone esto o lo otro en función de cuáles sean los modelos de redistribución que se adopte. De esta manera se llega a la idea intuitiva de que prácticamente cualquier ismo vale si la gente así lo desea y se tiene la suficiente "fe" en el sistema o el político que lo propone. Hoy día nadie se plantea la validez de raíz de los modelos de redistribución (esto se da por supuesto); lo único que se pone en entredicho es este u otro ismo en función de la moda política de turno. 

El Comercio y la Guerra.

Lo común es pensar que haya algo intrínsecamente perverso en la actividad de comercio en cuanto tal (la acumulación crea pobreza y desigualdades), cuando en verdad se trata de la antítesis de la guerra (el comercio depende de la confianza, y la confianza de la amistad). En esta línea parecía querer argumentar Mauro el otro día en Venezuela denunciando todo tipo de conspiraciones por parte del empresario burgués y ladrón que acapara los productos, y ello, frente a los resultados obtenidos tras su intento de frenar la inflación generada por su gobierno por medio de políticas fiscales. 

La Infancia y la Financiación Privada de la Justicia

  por Jorge A. Soler Sanz

Las opciones hoy día encontradas "pro vida" (pro life) y "pro elección" (pro choice) sobre el aborto y la libertad de la mujer para disponer de su cuerpo como quiera, dependen de la concepción que se tenga sobre el surgimiento de la vida y la dotación de derechos humanos como el de la vida o la libertad. Para la opción "pro elección" que se posiciona a favor del aborto, la vida comenzaría a partir del nacimiento, y a partir de ahí, surgiría el reconocimiento de los derechos inalienables del hombre que ya se le respetan y se reconocen presentes en el recién nacido. 
 

¿Existe hoy día una alternativa a la Social-Democracia?

  por Jorge A. Soler Sanz


Nos gustaría reconocer al lector el hecho de que este autor siempre ha sido anarquista de una forma más o menos coherente a lo largo de toda su vida. Pero lo nuestro ha venido a ser una toma de consciencia paulatina sobre algo que de alguna manera siempre ha estado presente en nuestras vidas aunque haya sido de forma latente. De jóvenes (no implique el lector aquí que ya no lo somos) no éramos muy conscientes de este hecho, pero siempre nos hemos comportado ante el Estado como si se tratara de un enemigo declarado.